“LO QUE EL CORAZÓN YA SABE” El auto avanzaba por la avenida Libertador mientras Buenos Aires caía en un atardecer color durazno. Las luces de los edificios comenzaban a encenderse una por una, como si la ciudad respirara en sincronía con el mundo. Gala apoyó la cabeza contra la ventanilla, mirando esos colores que siempre la habían calmado… pero esa tarde, su pecho tenía otra clase de movimiento. Un ritmo nuevo. Uno que venía de Nicolás. Él manejaba en silencio, concentrado en el tránsito, pero había algo en su mandíbula, en la forma en que apretaba y aflojaba los dedos en el volante, que mostraba que estaba pensando demasiado. —Decime en qué pensás —dijo ella sin despegar la mirada del cielo. —¿Por qué creés que estoy pensando en algo? —respondió él, con una sonrisa apenas percepti

