RAÍCES NUEVAS EN UNA CIUDAD INMENSAMENTE VIVA La mañana comenzó con ese rumor característico de Buenos Aires: colectivos frenando, voces mezcladas entre puertas de negocios, el tintinear de cucharitas golpeando tazas en las cafeterías, y de fondo, siempre, la presencia constante del movimiento. Alejandro decía que la ciudad nunca dormía, que apenas pestañeaba, y cada día yo sentía que tenía razón. Nuestro departamento en Palermo amanecía siempre con el sol colándose por la cocina y el aroma del café recién hecho. Ese domingo no era diferente, aunque algo en la atmósfera tenía un brillo especial. Era la primera semana completa que vivíamos sin sobresaltos, sin mudanzas pendientes, sin cajas sin abrir, sin trámites. Por fin, estábamos instalados. Y sin embargo, Alejandro amaneció con esa

