Epílogo – Bajo el mismo cielo Había pasado un año desde aquella noche de tormenta. La ciudad se había recuperado, más fuerte que nunca, y el centro de ayuda que Alejandro y Valeria levantaron juntos se había convertido en un faro de esperanza para todos. El apellido Montenegro ya no era sinónimo solo de negocios y riqueza, sino también de solidaridad. Alejandro había encontrado un propósito más allá de los números: usar su poder para servir. En medio de todo, Valeria era el corazón de cada proyecto. Su sonrisa se había vuelto la chispa que iluminaba incluso los días más agotadores. Para la gente, era un símbolo de ternura y fortaleza. Para Alejandro, era su razón de vivir. En un atardecer tranquilo, caminaban por la playa, de la mano. El viento jugaba con el cabello de Valeria mientras

