Elena García, en el aparcamiento durante el Baile de la Bestia Elena García, en el aparcamiento durante el Baile de la Bestia—Llegamos tarde. —Di un paso atrás y usé el enorme contenedor de basura cerca de la puerta trasera del edificio para esconderme. El encargo del catering y los meseros se apearon de sus camionetas mientras yo tiraba del corpiño de mi vestido prestado para que se quedara por debajo de mi pecho. Otra vez. La maldita cosa era demasiado apretada; hacía que mis pechos se apiñaran vergonzosamente hasta parecer montículos, a la vez que amenazaba con bajarse y exponerlos en cualquier momento. Un movimiento en falso y terminaría enseñando algo más que mi sonrisa. Otra vez—¿Estás segura de esto, Elena? —preguntó Dominique. Era la gerente y especialista en relaciones públicas

