BENEDICT Es curioso lo que uno aprende a las dos de la mañana cuando está aburrido, sobrio y un poco inquieto. Es una combinación a la que apenas me estoy acostumbrando. Suelo estar sobrio durante la temporada, pero el aburrimiento y la ansiedad no son sensaciones familiares. Ni divertidas. Alrededor. Alrededor. Alrededor. He intentado seguir con la vista una de las aspas del ventilador del techo, concentrándome en ella y tratando de ignorar las otras cuatro que giran sobre mí. En los últimos treinta minutos he aprendido que es imposible contar el número de rotaciones por minuto cuando está en velocidad media. También he descubierto que los caramelos se convierten en proyectiles violentos cuando se lanzan contra las aspas, sin importar la velocidad del ventilador. Aunque eso ya lo sa

