—Era él —anunció Thamara, que un par de minutos atrás, temblando de pies a cabeza, dejó la cama en que estaba recostada y mientras caminaba al despacho de su padre, donde esperaba encontrarlo, escuchó a Bastián hablando con Antonio—. Era Santino, él le disparó a mi auto. —¿Estás segura? —preguntó Bastián que, en cuanto escuchó a su esposa hablando, se encaminó hacia ella para abrazarla—. ¿Lo viste? La morena asintió, caminando al lento ritmo que comenzaba a marcar a Bastián mientras la empujaba suavemente hacia uno de los sofás en ese lugar. —Estaba demasiado cerca, junto a un árbol..., y tenía un rifle en la mano —explicó la de ojos azules sin poder dejar de temblar, aunque no sabía si era por la hipotermia, por la fiebre, que comenzaba a aumentar aún más la temperatura de su cuerpo,

