Otro estruendo atravesó los oídos de una mujer al borde de la locura y, sintiéndose terrible por lo que haría, tras escucharlo asegurar que él estaría bien, aunque no le creía demasiado, decidió dejar atrás a su padre pues, en la habitación de enfrente, lloraron sus dos hijos de repente. —Lo lamento —musitó Thamara, besando la cabeza del hombre que más la amaba en la vida, rezando porque quienes se aprontaron a ayudarlo pudieran hacer algo por él. La morena corrió a una puerta que parecía mucho más lejos de lo que en realidad estaba. Sus enormes zancadas no parecían ayudarle a avanzar y su angustia le estaba dejando sin respirar. Thamara había comenzado a llorar sin darse cuenta, lo supo cuando no pudo ver claramente el rostro de sus hijos tras abrir la puerta algunos segundos despué

