La puerta se abrió y Thamara se quedó sin aire. Sabía bien quien era, pero tener que enfrentar el rostro de ese hombre le daba dolor de estómago, y de cabeza. —Vamos —pidió Valentino sin moverse de la puerta que recién había abierto, indicando a la chica, con un movimiento de cabeza, que podía salir—. Santos nos está esperando en el comedor. La morena se tragó el grueso de saliva en su garganta y obligó a su dolorido cuerpo a moverse. De alguna manera, con tan solo su presencia ese hombre de ojos verdes lograba tensarla al punto que todos sus músculos dolían. » No hagas nada tonto —añadió el hombre cuando esa mujer pasó frente a él al intentar dejar la habitación. Era como si él hubiera percibido las ganas que sintió esa joven de salir corriendo en cuanto puso un pie fuera de la hab

