Capítulo 4. Conociendo al enemigo

1222 Words
Mientras caminaba por el lobby del suntuoso del edificio de “Galletas Wilson”, repasaba en mi cabeza porque no conteste aquella llamada, pero me sentía muy nerviosa para hacerlo, no había tenido muchas parejas sexuales, siempre había estado con alguien que tuviera un vínculo emocional y …puse mis manos sobre mi cara sintiéndome avergonzada, mientras las puertas del elevador se abrían. Estaba tan en mi mundo que por mi mente no paso siquiera anunciarme en la recepción. Todo parecía estar en mucho movimiento con la gente yendo de un lugar a otro, nadie me prestaba atención cuando llegue al piso diez. Cuando estaba más pequeña había ayudado con los planos de la construcción, me sentía feliz de ver el sueño realizado de la mujer que me crio una de las partes más importantes de mi vida, sin duda había logrado cosas con las que ni siquiera soñamos, los acabados eran impresionantes, el nivel de detalle en cada sala, la cantidad de empleados era impensable, sabia que la abuela había tenido éxito, pero no había visto con mis ojos cuanto, pero como todo hay una mosca en la sopa. Pasaba por uno de los corredores con calma, analizando los cuadros y detalles en las puertas, cuando un hombre que no había notado antes, tomo mi brazo atrayendo mi atención. Me gire y mi mandíbula casi cayo al piso de la recepción. Lo primero que note fue el color inusual de su cabello castaño con toques cobrizo, su cara estaba enmarcada con unas cejas pobladas, pómulos gruesos y una boca. ¡QUE BOCA! Con labios gruesos que se movían articulando palabras que no escuchaba, su belleza me dejo absorta, me hizo pensar en un actor de cine, pero no pude ubicar a cual de todos. Tuve la sensación de haberlo visto antes, pero no podía establecer el donde. Sus ojos azules eléctricos hacían que todo desapareciera a su alrededor, casi olvido en primer lugar porque estaba ahí. El chasqueo sus dedos en mi cara, rompiendo mi burbuja. —¿Señorita tiene problemas de aprendizaje? — su voz era gruesa y profunda, me sonaba conocida, como si su tono estuviera atado a uno de mis recuerdos, pero no podía identificar donde, ¿Lo conocería de antes? ¿Compartiríamos alguna clase? —¿Disculpe? — ¿Acaba de llamarme lenta? Su brazo tomo mi codo alejándome de mi camino a la oficina de mi abuela, puse resistencia para no avanzar. —Escuche no tengo tiempo que perder, esta zona es para personal autorizado…— trato de arrastrarme nuevamente, pero plante mis pies en el piso negándome a irme. —Usted, no entiende, tengo autorización…— conteste con voz quedada y busque en mi bolso una credencial que fue hecha por mi abuela hace muchos años, no sabía si serviría, pero tenía que probar. Sus ojos me vieron con incredulidad mientras buscaba, cruzo sus brazos musculosos que parecían hacer reventar una camiseta negra manga larga, por un momento pensé en el hombre que amaneció en mi cama esta mañana, pero descarté eso rápidamente. Le largue mi credencial. —Esto es una broma, ¿Verdad? — su risa era melódica y eso me hizo sonreír, pero rápidamente fue reemplazada por una mirada de burla, giro la credencial para que yo la viera, tendría con suerte nueve años en la foto —¿Esta es usted? Gire mis ojos casi hasta el techo, por muy buenorro que comporta como un idiota. —Claro, ¿Quién más seria? — le comenté molesta En ese momento, un mar de personas comenzó a llenar el pasillo con muestras de panadería y archivos, no entendía que pasaba, pero una mano me sujeto llevándome a una pared. Una loción lleno mis fosas nasales. Los brazos del hombre estaban a cada lado de mi cabeza, sus labios estaban a un movimiento de distancia de los míos con su aliento cayendo en mi rostro, nuestros ojos se encontraron y los recuerdos de la noche anterior venían a mi memoria, mordí mi labio conteniendo las ganas de un deseo que crecía en mi vientre. Su cuerpo estaba pegado al mío, sus músculos me aprisionaban en los lugares correctos, sentía como el color estaba ascendiendo por mi cuello, podía sentir mis mejillas arder. No sé cuánto tiempo duramos en esa posición, pero el Walkie Talkie en su cadera comenzó a sonar, no entendía que decían y el pareció ignorarlos viéndome muy fijamente, su mirada recorrió mi cuerpo como si sus manos estuvieran recorriéndolo. Su mano se deslizo lentamente por la pared y la credencial que le di apareció en mi rango de visión. — Le dije señorita que debe irse, esta es una zona restringida. Sus dedos volvieron aferrarse en mi brazo. —No entiende, soy Joelin Wilson, mi abuela es la CEO de la empresa— no sé qué vio el hombre en mi cara, por un momento vi que la duda inundo en su cara, pero fue rápidamente reemplazada. —Si y yo soy la reina de Inglaterra, ahora vamos heredera Wilson— comento gracioso. —Hace un papel muy convincente, nadie lo pensaría— conteste con sarcasmo, sacándome sus manos de encima. Habíamos comenzado a levantar la voz mientras discutíamos. —Si no lo hace por las buenas tendré que traer a seguridad— tomo su Walkie Talkie agitándolo en mi cara como si eso probara algo y medí cuenta que era un completo idiota, no me dejaría en paz, así que por impulso se lo arrebate. Ambos no esperábamos que hiciera eso, ¿Ahora que hacía? La opción lógica era correr, porque comencé a ver como la vena de su cuello estaba pronunciándose más y sentí miedo. Patitas para que las quiero. —Escucha esto es una confusión…sólo deberías— no me dejo terminar de hablar mientras trataba de alcanzarme y una mirada me basto para saber que nada bueno me esperaría si me alcanzaba. —Ven aquí. —No estas escuchándome— en el proceso nos encontramos a un camarero y como en las películas dábamos vueltas alrededor de él evitando encontrarnos —Solo escúchame…no tenemos que hacer esto— Su mirada enojada me dijo que ya no estaba escuchándome. Alguien se acercó hacia él, parecía ser el equipo de seguridad, en medio de su distracción aproveche para salir corriendo por el pasillo que conducía a la oficina de mi abuela, la gente me miraba como si fuera una loca. Los hombres comenzaron a perseguirme como si tuviera una clase de bomba en mis manos, era una situación irreal. Cuando estaba por llegar a la puerta faltaban solo dos metros, sentí unos dedos tocando mi espalda, lo siguiente que supe era que me estrellaba contra el suelo, la alfombra amortiguo un poco mi caída, pero sin duda esto dejaría un moretón mañana, me sentiría como la mierda mañana. Rápidamente mis manos fueron aprisionadas en mi espalda baja. —Déjenme explicarme— mi voz comenzaba a rayar en la histeria —Esto es una confusión, puedo probar lo que digo— —Escucha linda, guarda silencio y esto acabara rápido— me susurro el buenorro en el oído, había sido el quien me tacleo tan duramente contra el piso. En medio de eso las puertas de la oficina principal se abrieron. —¿Qué es este escándalo? Exijo saber que está pasando.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD