Me desperté aturdida, y con un dolor de cabeza bastante prominente. Gracias al cielo las cortinas tapaban casi completamente el sol que amenazaba con entrar. Me maldije una y mil veces a mi misma por beber más de lo que podía soportar y ciertamente también por el comportamiento de la noche anterior el cual lamentablemente recordaba casi cada detalle. Me levanté de la cama con el estómago algo revuelto y la cabeza pesándome mil kilos. Me dirigí hacia el baño y lavé mi rostro e intenté peinar mi cabello en una cola de caballo. Busqué mis cosas repartidas por la habitación, pero por alguna razón no lograba encontrar mi celular. "Quizás lo dejé en casa" pensé. Por lo que luego de una exhaustiva búsqueda sin resultado de mi teléfono sólo junté mis cosas y salí al pasillo del hotel. Me dirig

