Abrí mis ojos lentamente, sintiendo mi cabeza pesada como plomo ante cualquier movimiento que realizaba. La luz del sol que traspasaba la cortina molestaba a mis retinas a tal punto de sentir dolor. Me encontraba algo desconcertada y confundida, pero pronto recordé que no me encontraba en mi casa, sino la de Ian. Y hablando de él, lo primero que visualicé en aquella habitación fue a mi acostada en su cama y el sobre una silla, dormitando profundamente. Su rostro se veía cansado. -¿Ian?-Dije en un tono bajo, intentando no molestarle demasiado. Él pareció oirme casi al instante. Se puso de pie, acercándose atento a mis movimientos mientras observaba con atención. -¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? -Algo cansada y con mi cabeza adolorida, nada más. Él suspiró levemente aliviado, mientras s

