Al despertar, lo primero que hicimos fue desayunar. Marcus preparó unos ricos panecillos de miel y una malteada de fresa. Jamás había desayunado tan glorioso como aquella mañana de agosto. —No sabía que preparabas los mejores panecillos—repuse con la boca llena. Marcus lanzó una sonrisa, y se dirigió hacia la mesa del comedor, sentándose frente a mí. Después de desayunar nos dirigimos a la casa de Amy. El clima se encontraba cálido, y el sol irradiaba con intensidad, en cada esquina de la pequeña ciudad. Al llegar, nos estacionamos en una posición no muy ostensible, esperando a que Amy saliese de su casa para poder comenzar la búsqueda de pruebas. La ciudad era pequeña, todo se sabía en cuestión de minutos. Marcus y yo nos habíamos enterado sobre que después del funeral de Tony, Ca

