—Shhh... no tengas miedo —susurra Aiden—. Ahora quitaré mi mano de tu ojos. No los abrirás hasta que te lo ordene y más te vale que cumplas. Con sus manos agarra mi cara y me acerca a su boca. Un exquisito beso hace que vuelva a caer en su juego. Recorre una mano por mi entrepierna. Si no fuese por como me trata, pensaría que llevaba horas conteniéndose, que respiraba justo teniéndome así, que estaba cansado, frustrado de estar lejos, de no tocarme. Pero, como bien dije, sus acciones indican todo lo contrario. —No creo que pueda esperar más —comenta con su sensual voz. La verdad es que yo tampoco. Y no me atrevo a pensar ahora que pasará después. Acaricia mi sexo sobre la tela de braga. Lo aprieta. Sin más rompe la braga. Otra vez. Le pasaré la factura. Al sentir el contacto de

