Alené.
─¡Mamá! ─grité. ─Necesito que me ayudes a bajar las escaleras.
Odiaba mi vida desde hace tres días, literalmente era como una chica inservible, necesitaba todo el tiempo de una persona para desplazarme por la casa. Estar en silla de ruedas me estresaba y estar con muletas me cansaba, ya no sabía en qué posición sentarme, como acostarme, no servía para nada.
Mi madre llegó a mi lado y me ayudó a levantarme de las escaleras, colocó mi brazo sobre su hombro y empezamos a bajar las escaleras con una gran lentitud gracias al yeso de mi pierna.
─No es tan malo Alené, vas a ver que terminarás acostumbrándote.
─¿Acostumbrándome a que me lleven a todos lados como un maldito bebé?
─Cariño ese lenguaje.
─Tengo veinticinco años y puedo hablar como me de la gana.
─Eso no quita que seas mi hija y te prohíbo hablar de esa manera, tu...
─Llévame a mí habitación ya no quiero ir a la sala, estoy harta de ser un estorbo para ustedes.
─No he dicho que seas un estorbo Alené.
─A mi habitación ─solté.
Mi madre me ayudó ahora a subir las pocas escaleras que logré bajar en casi quince minutos.
Llegamos a mi habitación y me reclinó en la cama, no pude evitar que algunas lágrimas cayeran de mis ojos.
─Cariño, sé que esto es duro para ti, sé que te sientes mal al no poder hacer lo que estabas acostumbrada y...
─Dejé mi moto en el departamento de mi hermano, deje mi vida en Miami por culpa de la puta esa, soy un ser inservible y...
─Alené, recuerda las palabras de tu psicólogo, tienes que pasar página, tu padre se está encargando de esa chica y de Max y tú tienes que encargarte de abrir tu corazón y dejar esa ira y esa sed de venganza atrás.
Solté una carcajada y miré en su dirección.
─La sed de venganza no pienso dejarla atrás, toda la vida no estaré con este yeso de mierda, sea donde sea que ella se esté escondiendo yo la encontraré y me pagará muy caro cada lágrima que he derramado desde que desperté en ese maldito hospital.
─Ya no sé cómo hablarte Alené, siento que cada vez que te digo que dejes eso atrás es como si te dijera que sigas haciendo películas de masacres en tu cabeza.
─Entonces no toques ese tema y listo.
─Has perdido por completo tu forma de brillar ─soltó.
─No la perdí, me la arrebataron.
─¿Nunca hablaras de ese chico?
─No.
─¿Que paso entre ustedes?
─No quiero hablar de eso mamá, por favor déjame sola, deja sola a tu hija la inservible.
─¡Alené basta! ─gritó haciendo que me sobresaltara en la cama. ─Has hecho una tormenta en un vaso de agua, no puedo imaginar lo que estas sintiendo al no poder caminar como solías hacerlo, pero quiero que sepas que esto es muy difícil para mí también y sobre todo tu padre que no deja de buscar alguna respuesta.
Estaba muy sensible en estos días y las palabras de mi madre lograron hacer que de mis ojos cayeran lágrimas.
─Deja... déjame sola por favor ─pedí y ella asintió.
Salió de mi habitación y ajustó un poco la puerta. Solté un suspiro y las lágrimas cayeron en gran abundancia de mis ojos, tenía tres días que no lloraba desde ese día en el hospital cuando fue la última vez que lo vi, pero me apetecía llorar quería olvidar todo lo malo y quería hacer lo que mi psicólogo había dicho.
Pasar página, empezar de cero.
En aproximadamente un mes y dos semanas me quitarían el yeso y desde ya tenía los días contados para así regresar a mi antiguo departamento, al frente de Tanner porque sabía que Max no tardaría en buscarme y esta vez si iba a estar preparada para su llegada.
Mi teléfono vibró y lo tomé de la mesita de noche, era una notificación de un en vivo en el i********: de Paul inmediatamente entré.
Estaban en un lugar que conocía muy bien, era la casa de la madre de Tanner.
Paul mostraba toda la casa y pude visualizar a Andrew, Josh, Lindsay y...
─Tanner ─dije en cuanto lo vi.
Se encontraba en uno de los sofás mirando a la nada, podía ver unas pequeñas ojeras bajo sus ojos.
¿Acaso no estaba durmiendo?
─Hombre te tengo una sorpresa ─soltó Paul y Tanner levantó su mirada al teléfono y esos ojos azules sentí que dieron a los míos.
─Tus sorpresas son un asco.
─Alené está en el en vivo ─contestó Paul.
Inmediatamente salí y arrojé el teléfono a un lado de la cama.
─Que estúpida soy ─dije colocando una almohada en mi rostro. ─Eres tan idiota ¿Cómo se me ocurrió hacer eso?
Ahora sentía curiosidad solo por el simple hecho de ver la reacción de Tanner al enterarse del en vivo, pero no entraría nuevamente, no estaba preparada para una conversación o cualquier tipo de intercambios con Tanner.
Solté un suspiro y me acosté de lado en la cama llevando ambas manos a mi rostro.
─¿La estarás pasando tan mal como yo lo hago? ─dije a la nada.
«Me destruiste»
Sus palabras todavía taladraban mi cabeza. Sé que yo tuve algo de culpa al no saber comportarme en una situación como esa, pero acababa de despertar y estaba llena de odio, ira e impotencia y algunas de sus palabras no fueron agradables.
Estiré mi mano y abrí la gaveta de mi mesita de noche y saqué el libro pasé mis manos por la cubierta con mi foto y una sonrisa se dibujó en mis labios.
─Pequeña Atracción ─dije a la nada. ─Pequeña atracción que no nos sirvió de nada gracias a la perra de tu ex novia y al obsesivo de mi ex novio.
Abrí el libro y di nuevamente con la dedicatoria, cada vez que me sentía triste y con ganas de tirarme de la ventana leía esa hermosa dedicatoria y lograba llenar mi cuerpo con algo de paz.
En uno de los capítulos Tanner decía que yo le daba Calma, ahora podía asegurar que él a mí mediante sus palabras me daba paz, una hermosa paz.