Al día siguiente Washington Claire Elizabeth nunca ofrecía soluciones fáciles; las complicaba. Enviar a los abogados solo acrecentaría el conflicto en la planta, aunque Alexander era una opción viable... pero de otra clase. Un incendio distinto, más íntimo, más peligroso. Uno donde se mezclaban la culpa, el deseo y ese amor reprimido que tanto me costaba enterrar. Así que debía descartar esa idea y concentrarme en convencer a la propia Elizabeth de respaldarme. Sí, una misión difícil… pero no imposible. Permanecí con el celular en silencio, sopesando mis opciones. Finalmente le respondí a su “solución”. —Elizabeth, los empleados no quieren discutir con abogados. No se sentarán a negociar si se sienten amenazados. Su voz sonó tajante al otro lado. —Claire, ellos nos obligan a actuar

