- KIRAL- Sacudí mi pene relajado mientras lo guardaba en mis pantalones y con un movimiento le di de baja al orinal que escogí. Lavaba mis manos cuando Cornelius entró a el baño y me sonrió. Empezaba a incomodarme de sobremanera esa extraña sonrisa suya. Me hacía sentir que quería comerme o algo así. –Te estaba buscando, hombre– sonreí forzadamente. –¿Ah sí?-- pregunté mientras me paraba frente a el secador de manos –Pues me encontraste. El argentino sonrió. –Tengo un regalo especial para ti. Algo de… De primera mano- aseguró mientras lo acompañaba fuera de el baño. La gente bailaba y parecía un ambiente completamente contrario a la fiesta original. Ahora entendí que aquella era más para los reporteros y chismosos amarillistas que esperaban encontrar alguna primicia cuando lo que es

