La conocí paseando por el mercado viejo. Tenía que entregar un pedido de sacos de cemento a una ferretería con la que mi padre trabajó por años y yo, su mejor repartidor, tenía que empezar desde abajo por supuesto en el negocio familiar. Ella tenía un puesto de condimentos de cocina. Recuerdo que cuando me acerqué a Camrin olía a canela y a vainilla. Me enamoré de sus ojos al instante. Su historia era triste, sin embargo, cuando Madira se enteró de que la frecuentaba cada tanto en su lugar de trabajo y pasaba horas hablando con ella, invitandole bebidas de cualquier vendedor ambulante con lo que ganaba de sueldo diario, se molestó tanto que incluso le alzó la voz a mi padre en mi presencia. Madira decía que Camrin era una viuda negra. Que sus padres murieron en un incendio que provocó el

