-¿Qué?- pareció un tanto shockeada. Quise reírme pero me mantuve serio. No repetiría mi orden, ella ya la conocía. Sin que tuviera que decir nada, Clara poco a poco, con duda, se arrodilló. No puedo decir que verla en ese estado no me hacía calentar. Era sumamente preciosa y su cabello suelto la hacía ver como una muñeca mezclado con su lechosa piel. Alcé el dedo índice y lo moví dos veces, llamándola hacia mí. Clara pareció dudar pero puso las palmas de la mano sobre la alfombra de mi habitación y no pude evitar lamerme los labios cuando la vi gatear para mi. Despacio, pausadamente, justo como quería verla, como una gatita ansiosa por venir hacia mí, aunque en su rostro hubiese vergüenza y un color rojo bastante intenso. Daba igual, poco a poco se acostumbraría a aquello. A ser ado

