Por fin el día tan esperado ha llegado, me encuentro bastante nerviosa ya que hoy por la tarde le contaré a mi familia sobre mi enfermedad, ayer me comuniqué con mis hermanas para pedirles que vengan ellas solas dado que hay algo importante que deben saber, me apresuró a preparar mi platillo favorito creo que el hacer esto me dará el impulso necesario para ser franca con ellos.
Antes de terminar la comida llegan mis hermanas y tal como se los pedí han venido solas, después de poner la mesa mi familia me mira expectante ante lo que les quiero informar, sin embargo, les comunico que primero debemos comer ya después tendremos tiempo de hablar.
- ¿Qué es eso que quieres decirnos Mel? -Pregunta Carolina mi hermana mayor en cuanto nos acomodamos en la sala, tomó aire varias veces para darme valor y luego levanto la mirada.
-Les pedí que vinieran porqué… vaya nunca pensé que decir esto fuese tan difícil -Mis padres me miran extrañados como tratando de adivinar qué es lo que me sucede -Como bien saben hace meses fui con mi neuróloga debido a la migraña que padezco, pues bien no es migraña -Llegados a este punto siento como mi voz comienza a temblar -En realidad tengo… tengo un tumor y solo me queda poco tiempo de vida -Suelto tan rápido como puedo, veo como la cara de los miembros de mi familia se transforma primero en desconcierto, angustia y miedo.
-No estamos de broma Melissa -Me reprende mi papá.
-No es ninguna broma, en ese entonces me quedaban tal vez cinco meses de vida -.
El silencio se extiende por varios segundos hasta que una de mis hermanas lo rompe - ¿Y por qué guardaste el secreto de tu enfermedad por tanto tiempo? -Pregunta mi segunda hermana Daniela con lágrimas en sus ojos.
-Si nos hubieses dicho antes hubiéramos buscado tratamiento para tu enfermedad -Se me adelanta Carolina, y sin siquiera dejarme hablar toda mi familia me recrimina por no ser sincera, luego comienzan a mencionar todas las alternativas que existen para que comience con tratamiento, hasta que no puedo soportarlo más y doy un golpe en el sofá.
-No les dije por la maldita razón de que no quería que me vieran con ojos de lástima, así como me están mirando en este momento, suficiente me es con saber que estoy a punto de morir como para tener que soportar sus reclamos -Mis hermanas inmediatamente bajan la mirada y veo como corren lágrimas silenciosas por sus mejillas.
- ¡Mi bebé! -Comienza a sollozar mi mamá, tan rápido como puedo me acerco al sillón donde ella se encuentra y trato de consolarla, ahora sin poder evitarlo esas lágrimas que no deje escapar en todos estos meses acuden a mí y sin proponérmelo es tanto mi llanto que recuesto mi cabeza en el regazo de mi mamá y dejó que acaricie mi cabello mientras ahora es ella quien me consuela a mí.
Creo que el decirle a mi familia sobre mi enfermedad me hizo ser consciente de ella, aceptar que la tengo y me queda muy en claro que donde quiera que me encuentre los extrañaré, después de varios minutos ellos me insisten en que tome el tratamiento, pero como se los hago saber he perdido tiempo al no tomarlo desde un principio además de que es una decisión que ya había tomado considerando que solo tenía tal vez un 5% de probabilidad de éxito.
Después de que mis hermanas se marchan, estoy por subir a mi habitación, pero mis padres me retienen quieren que me quedé un poco más aquí recostada con ellos en el sillón, como si de esta forma pudiesen disfrutarme lo más que puedan y dado que no puedo negarme me quedo mientras mis padres siguen llorando y lamentándose por lo injusta que es la vida.
-Basta mamá yo no estoy molesta con Dios, no puedo quejarme de nada me dio una familia maravillosa, una buena vida un poco corta, pero ¿Qué más podría pedir? -Mi mamá me abraza aún más fuerte y besa mi cabeza como si de esta forma pudiera protegerme de todo lo malo que me sucede.
Después de conversar con mis padres y dejarles en claro que el lunes renunciaré a mi trabajo ya que cada vez me cuesta un poco más realizar mis actividades estos me dejan ir, en cuanto creen que me he encerrado en mi cuarto escucho nuevamente los sollozos de mi mamá y como papá intenta consolarla, aunque sé que para él también es difícil aceptar esta realidad que azota a nuestra familia trata de mantenerse fuerte como siempre lo ha sido.
Al día siguiente cuando me levanto veo a mis padres con sus ojos bastante hinchados, pero con el desayuno ya listo en nuestra mesa, este transcurre más callado que de costumbre, por la tarde ayudó a mis padres con la comida, aunque en realidad son ellos dos quienes la preparan ya que mamá no quiere que me esfuerce, le pongo los ojos en blanco ya que durante todos estos meses no me ha importado en lo más mínimo está pequeñez.
Cuando llegan mis hermanas (ellas al igual que mis padres tienen sus ojos un poco hinchados) noto como mis cuñados están un poco serios y hasta cierto punto creo que tristes, la comida es un poco más animada gracias a las ocurrencias de mis sobrinos y es algo que en verdad agradezco, cuando terminan se dirigen a la sala mientras ven la televisión y juegan al mismo tiempo; ahora que solo estamos los adultos en la mesa me doy cuenta como mis hermanas me lanzan miradas como temiendo que en cualquier momento pueda caer inconsciente, fastidiada y harta de todo esto me levanto sin siquiera haber probado bocado.
-Por esa misma razón no les dije antes, está maldita comida se ha vuelto en la peor de mi vida, me miran como si fuese a morir ahorita mismo y no me vean así saben que es verdad, odio sus miradas de lástima guárdenselas para quien en realidad lo merezca porque yo no, yo decidí esto y por lo tanto deben de respetar mi decisión en todo momento; comeré fuera estar aquí no mejora mi apetito y creó que si como una rebanada de pizza está no me mirara como lo hacen ustedes haciéndome sentir más enferma de lo que estoy -Salgo del comedor y subo hasta mi habitación por mi cartera, cuando bajo me encuentro de frente con Alejandro el esposo de mi hermana Daniela.
-Por favor cuñada no te vayas, ya hablamos con ellos, pero también debes entenderlos es difícil aceptarlo de un día para otro no es cualquier noticia la que les contaste ayer -.
-Lo lamento, pero no aguanto más además tú también me miras como ellos y si ustedes se pusieran en mi lugar sabrían que no es nada agradable que tu familia te mire de esa forma, sé que es difícil y por eso mismo no se los conté antes para ahorrarme todo esto -Lo rodeo y salgo sin mirar atrás, camino lo más rápido que puedo y después de al menos unos 20 minutos me siento en una banca a llorar, desde ayer me es inevitable no hacerlo estás acuden a mí con tanta facilidad que me es imposible controlarlas; sé que es difícil para ellos aceptarlo yo tengo al menos 4 meses haciéndome a la idea, pero sus miradas me hacen sentir mal, ninguna persona enferma desea que te miren con ojos de lástima es lo que menos quieres en ese momento, lo único que uno desea es que te miren como antes, quiero que me recuerden como hace meses como alguien fuerte, sana, feliz, llena de vida; que no me vean y lo único que venga a su cabeza sea que soy cautiva de esta maldita enfermedad.
Me limpio las lágrimas y me dirijo a una pequeña pizzería, hago mi pedido y me siento en una mesa del rincón mirando a todas las personas a mi alrededor, familias felices y niños corriendo en el área infantil, los veo y siento envidia quisiera estar así de feliz en este momento sin ninguna preocupación, aunque como dicen uno nunca sabe las luchas internas que está librando cada persona, no sabemos que sufrimiento se esconde debajo de esa aparente tranquilidad que muestran frente a los demás, de eso soy bastante consciente todos estos meses trate de dar al mundo una cara de felicidad aunque por dentro estaba muerta de miedo gracias a esta maldita enfermedad.
Después de algunas horas regreso a mi casa y me encuentro a mis padres sentados en la sala, en cuanto me ven se levantan y corren a recibirme.
-Quiero ir a descansar -.
-Por favor, Meli, no seas así con nosotros, tus hermanas también estaban muy preocupadas, además entiende que es difícil para nosotros, yo te lleve en mi vientre 9 meses y que me digas que muy pronto tendré que perderte es algo que no puedo digerir -Comenta mi mamá mientras rompe en llanto.
-Lo sé, pero tampoco quiero que me miren como lo han hecho desde ayer, también sé que para los familiares de una persona desahuciada es bastante difícil, pero también entiendan que para el enfermo es aún más difícil, uno tiene que tratar de ser fuerte para no hacerlos sufrir más de lo que ya están sufriendo dejando de lado nuestro propio sufrimiento, quiero ir a dormir estoy bastante cansada -Subo las escaleras y en cuanto entró a mi habitación me tiro en mi cama, sé que soy bastante dura con ellos y que no tienen la culpa de lo que me sucede, pero quiero que sean lo suficientemente fuertes para lo que está por venir, porque sé que las próximas semanas serán realmente duras.