Me temblaban las manos mientras toqueteaba todos y cada uno de los esponjosos peluches a mi paso, eran tan suaves y peludos, que me provocaban apapacharlos, lanzarme sobre ellos y dormir encima. Tire de las orejas de un cerdito diminuto con pancita corrugada, estaba justo al lado de un oso con un tarro de miel quien llevaba una coqueta blusita roja con la palabra Pooh en el centro de su pecho, parecía llevarse el puño a la boca, un tigre, un burro y otros animalitos estaban en las estanterías de la misma galería. Buscando con la mirada a mis acompañantes descubrí a Adolfo viéndome con los mismos ojos de ternura que veía a su hija, mi pecho se apretó en calor. Le devolví la sonrisa a diferencia de la coqueta de él, la mía era de pena, su porte era elegante y más cuando no vestía esos traj

