Capítulo 2

3383 Words
Los años pasaron, la relación entre Manuel y Martín era cada día más inestable, las peleas entre ambos era algo cotidiano y más de una vez habían excedido lo verbal para dar paso a las agresiones físicas. Miguel a diario intentaba acabar con esas disputas, no le agradaba verlos actuar de ese modo entre ellos, ni mucho menos estar en el medio de ambos. Intentaba ponerse en el lugar del argentino, pero por más que analizará por horas la situación no le encajaba en la cabeza. No había un motivo aparente para tanta hostilidad, Manuel jamás le había hecho nada malo. Ya tenían quince años, al menos Miguel y Martín ya los habían cumplido aunque a Manuel le faltaban algunos meses para ello. Esa tarde al salir de clases el peruano planeaba estudiar con el chileno, se acercaba una prueba coeficiente dos y entraba bastante materia, sin embargo sus planes se desmoronaron cuando el argentino le planteo un mejor panorama para pasar la tarde. - ¡Migue, pará boludo! - Gritaba a todo pulmón mientras se acercaba apresurado al peruano. - ¿A dónde puta vas tan rápido? - Una vez frente a él le dedicó una radiante sonrisa. - Ya te dije pues, quedé de acuerdo con el Manu para estudiar juntos toda la tarde. - Blanquea los ojos para luego suspirar. - ¿No me digas que lo olvidaste cojudo? - ¡Boludo me re olvidé! Pero otro día podés estudiar con ese sorete, ahora tengo otros planes para ambos. - Rodea los hombros del contrario con uno de sus brazos. - ¿Qué planes? - Alza una de sus cejas mientras lo mira de reojo. - Tiene que ser algo demasiado bueno para que acepte ir contigo. - Tengo entradas para el cine, podemos ver la película que se te canten las bolas. - Del bolsillo de su pantalón saca las entradas agitando las suavemente. - Cuando salgamos de ahí te voy a invitar a comer. ¿Qué me decís? - Mueve sus cejas de arriba hacia abajo y viceversa mientras mantiene la mirada fija en el rostro del moreno. - Ya huevón, tú ganas, voy contigo. - Se echa a reír. - Oe, si el feo se enoja va a ser tú culpa. - Si te dice algo yo lo soluciono, lo cago a trompadas y listo. - Se muestra tan confiado que contagia al otro. Rápidamente salen de la escuela como si estuviesen cometiendo un delito, Miguel no deseaba encontrarse con Manuel y tener que darle explicaciones, sabía de ante mano que se enojaría, pero lo haría de cualquier modo. Lograron escabullirse y se encaminaron hacia el centro de la ciudad mientras conversaban de cualquier idiotez que se les venía a la mente, reían escandalosamente entre tanto, de sus mismas idioteces o de alguna persona que les causaba gracia. Después de todo ellos eran así, se tomaban todo de manera relajada y cuando estaban juntos lograban sacar la mejor parte del otro. Manuel finalmente salió de la biblioteca del colegio, había encontrado los libros que necesitaba para prepararse para la prueba y poder ayudar de mejor manera a Miguel. Su amigo era muy inteligente, aunque aparentemente estaba atravesando por una especie de rebeldía, desconocía el motivo de esta pero no le hallaba explicación a su cambio tan drástico. Miguel siempre había sido un chico muy preocupado de sus calificaciones, pero ahora era un completo ridículo que solo tenía un montón de aire en el cerebro. Miró la hora en su teléfono celular, llevaba quince minutos de retraso por lo que apresuró el paso, al llegar a la entrada del colegio no divisó a Miguel solo a unos pocos alumnos que platicaban por ahí, suspiró aliviado creyendo que aún no bajaba del salón, después de todo el peruano siempre llegaba tarde. Se recargó contra la muralla mientras esperaba pacientemente que el otro llegara. Al llegar al cine ambos chicos se inclinaron por una película de terror ya que los demás estrenos en cartelera no les llamaba la atención, Martín compró palomitas de maíz, refrescos y golosinas para ambos, sabía que Miguel no se llenaba con poco y con hambre se volvía demasiado odioso. Antes de entrar a la sala de la función el peruano se excusó y se metió al baño encerrándose en un cubículo, necesitaba avisar a Manuel que estaba ocupado, aunque dudaba que el chileno estuviera esperándole. Sacó su celular de la mochila y al desbloquear este se encontró con un sin fin de mensajes de Manuel, al leerlos se sintió sumamente miserable, nunca imaginó que el chileno se preocuparía tanto por él, cuando aceptó salir con Martín no pensó en las consecuencias que su irresponsabilidad acarrearía. Algo dudoso decidió reproducir el audio que Manuel le acababa de mandar, no le quedaba más que escucharlo, el otro ya había visto que estaba en línea. Recargó su frente contra la fría pared del cubículo al momento que presionaba play. "¡Por la chucha Miguel, te estuve esperando casi una hora en la puerta del colegio! Weon me pasé caleta de rollo, no contestabas mis mensajes de w******p y me desesperé. Literalmente corrí hasta tu casa, tú mamá preocupada me dijo que aún no llegabas. ¿Dónde chucha estai conchetumare?" Miguel se dejó caer sobre el retrete recargando sus codos sobre las rodillas, un prolongado suspiro escapó de sus labios, tenía que regresar a casa cuanto antes, de lo contrario las cosas se pondrían bastante feas. Ya más calmado le marcó a su madre, se disculpó con ella para luego indicarle que andaba con Martín, que estaban en el cine y que no llegaría temprano. A regañadientes la mujer cedió, después de todo el argentino era el hijo del patrón de su marido por lo que prefería evitar cualquier conflicto. Manuel le seguía enviando mensajes por lo que apagó su teléfono celular, no sabía que decirle o como disculparse por todo el mal rato que le había hecho pasar ni mucho menos confesarle que estaba con Martín. - Boludo va a empezar la película. - La voz de Martín lo trae de vuelta a la realidad. - Perdóname por tardar, estaba hablando con mi viejita. - Le dedica una sonrisa rígida, bastante fingida para el gusto de ambos. - No importa pibe, vení vamos o se nos hará más tarde. - Le empuja con el hombre para luego ambos echarse a reír como idiotas. Durante la película olvidó las preocupaciones, lo único que no podía sacar de su mente era la imagen de Manuel, deseaba tanto que quien estuviese a su lado en ese momento fuese el castaño. Definitivamente ahorraría sus mesadas y le invitaría a salir, algo así como una especie de cita, quizás sería una buena oportunidad para robarle un beso. El solo pensar en besar sus labios le provocó un intenso cosquilleo en su vientre bajo dejando escapar una risilla boba. Martín volteó a verlo quedando embobado con Miguel, todo en el moreno le gustaba, su cabello n***o enmarañado, sus exóticos ojos ámbar los cuales iluminaban todo a su paso, su piel canela que con solo mirarla le invitaba a acariciarla, la contextura maciza y bien formada de su cuerpo, su estatura mediana y el timbre ronco de su voz que le otorgaba una sensualidad envidiable. - ¿Vamos? - El argentino irrumpe en su fantasía y es ahí que cae en cuenta de que la película ha finalizado. - Si, vamos huevón que ya me dio hambre. - Se levanta de la butaca mostrando gran entusiasmo en su rostro. El resto de la velada fue tranquila, agradable para ambos, tenían tanto en común que difícilmente fueran a discutir por algo. Ya eran pasadas las diez de la noche, era hora de despedirse y volver a sus respectivos hogares, Martín acompañó a Miguel al paradero del autobús y mientras esperaban el peruano hablaba sin descanso de cada cosa que se le venía a la mente. El estar en silencio era algo que simplemente se le hacía insoportable, de pronto su voz fue apagada por los labios del argentino. ¡Martín lo estaba besando y él no sabía cómo mierda reaccionar! Su cuerpo se tornó rígido y a lo único que atinó en ese momento fue a apartarlo con brusquedad. - Miguel... Perdoná. - Intenta acercarse nuevamente. - Sé que me zarpe pero me tenés loco boludo, siento cosas por vos desde que tengo uso de razón. - Su rostro se tornó afligido. - A su mare... - Murmura entre dientes mientras fija su mirada en el piso. - Martín... -De pronto las ganas de hablar se desvanecen. - Yo estoy enamorado de Manuel. - Se atreve a confesar en apenas un hilo de voz. Antes de que Martín pueda decir algo al respecto ve acercarse la micro que le sirve por lo que la hace parar para luego subir y dejar al argentino atrás. Pagó su pasaje y se acomodó en el último asiento hundiéndose un poco en la silla. Si alguien le hubiese contado que Martín sentía ese tipo de cosas por él no lo hubiese creído. ¿Tan ciego era? No, no era ciego, él siempre creyó que el actuar del argentino era por mera amistad, ahora descubrir la verdad dolía ya que temía perderlo como amigo y sinceramente no podía imaginar su día a día sin el rubio. Martín caminó hasta su casa, después de todo vivía en un bonito condominio ubicado en pleno centro. Al llegar entró en silencio encerrándose en su habitación, sus padres estaban tan ensimismados en sus propias vidas que ignoraron al chico y su dolor. Se arrojó en su cama boca abajo comenzando a dar puñetazos contra el colchón, de algún modo necesitaba descargar su frustración, de lo contrario iría hasta la casa de Manuel para molerlo a trompadas. Desde su perspectiva el chileno era el culpable de todos sus males, consideraba que era un maldito traidor que a sus espaldas se encargó de robarle el amor de Miguel. Era obvio que Manuel se había esmerado en enamorarlo, de que otra manera el peruano se fijaría en alguien tan insignificante como lo era el chileno. Era tal su rabia y frustración que lloró amargamente mientras con furia destrozaba una fotografía de Manuel junto a él, no deseaba tener nada que ver con ese maldito traidor, no lo quería ver por qué le resultaría muy difícil contenerse para no cagarlo a piñas. Sólo una cosa tenía muy en claro, le haría la vida imposible, no le dejaría tener paz ni un maldito día y estaba muy seguro de que el chileno se arrepentiría de haberle quitado a Miguel. Miguel bajó del autobús y con paso apresurado se encaminó a su casa, de pronto quedó estático al reconocer la silueta que se hallaba junto a la escalera de cemento fumando. Era Manuel quién miraba fijo hacia su dirección, quería avanzar, abrazarlo con fuerza y estamparle un beso en los labios más no se atrevía a hacerlo, mucho menos después de haberlo dejado plantado. El chileno arrojó el cigarrillo al piso y con cierta brusquedad pisoteo este para apagarlo mientras que Miguel se acercaba lentamente y algo sumamente extraño en él, en completo silencio. - ¿Con qué andabai webiando con el Martín? Te esperé más de una hora conchetumare. - Enojado le coge del cuello de la camisa. - Después con tu mamá estábamos terrible preocupados hasta que te dignaste a llamarla. ¿Por qué chucha no me respondías el w******p? ¡Miguel por la cresta, valí callampa! - Lo estrella contra la pared y el peruano no hace nada por detenerlo. - De ahora en adelante que ese argentino culiao te ayude a estudiar, pa mi estai muerto weon. - Manu... - Sintió un nudo en la garganta. - No me digai ni una wea, métete las explicaciones en la raja. - Sus ojos de pronto se humedecen por lo que rápidamente suelta a Miguel. El peruano al verlo en ese estado se sintió sumamente mal, todo estaría bien si no fuera por su irresponsabilidad, pero cuando aceptó irse se dejó llevar por el panorama que su amigo le ofrecía, no creyó que sus acciones ofenderían a quien tanto amaba. Tomó a Manuel con fuerza de los ante brazos para luego pegarlo contra la pared sintiendo como el otro daba un respingo por su repentina acción. Una burlona sonrisa se dibujó en su rostro por la expresión de furia que el otro mostraba. - ¡Suéltame weon! - Forcejea con el propósito de liberarse de su agarre, más es inútil ya que Miguel es mucho más fuerte que él. - Manú perdóname, es verdad, me fui con Martín, fuimos al cine y a comer. - El arrepentimiento de pronto se refleja en su rostro. - Nunca imaginé que te preocuparía tanto... - Ese es tú gran problema Miguel, jamás piensas. - Frunce el ceño y sus labios se tornan rígidos. - ¡Oe, más respeto conmigo huevón! - Hace una mueca divertida con los labios. - ¡No te enojes pues! - Pega su nariz en el cálido cuello del contrario aspirando su suave aroma. - ¡Andáte a la chucha Miguel! No me busques más, si querí alguna wea busca al Tincho. - Le empuja con tal fuerza que el peruano trastabilla. Aprovechó aquella situación para voltear y encaminarse hacia su casa, solo quería olvidar el mal rato y las locas sensaciones que Miguel provocó cuando olió su cuello, pero antes de poder abrir la puerta la mano del peruano le sostiene con firmeza de la muñeca, como reflejo a la acción de su amigo se gira dándole un fuerte puñetazo en el rostro logrando que el contrario lo suelte inmediatamente para retroceder un par de pasos mientras y haciendo un inmenso esfuerzo por no explotar. Manuel aprovecha la distracción adentrándose en su casa sintiéndose tan jodidamente cobarde por no quedarse a enfrentar la situación, pero tiene muy claro que el quedarse es para terminar enroscado en una gran pelea, después de todo Miguel es tan impulsivo y orgulloso como él. Por un momento siente ganas de volver a salir y disculparse, explicarle cómo se siente en ese momento, que esta celoso por él, por Martín y odia ser tan patético. Sabe que se ha excedido, también sabe que Miguel está enojado, eso es obvio lo conoce mejor que a sí mismo. Su orgullo gana y se adentra en la cocina para prepararse un té y ver que hay para comer, ya es de noche y el último alimento que ingirió fue la escueta ración de almuerzo que le dieron en el liceo. Una mueca de desagrado se instala en su rostro al ver a su padre sentado a la mesa completamente ebrio mientras bebe vino barato. - Ya corta el webeo papá. - Arrojó aquello con molestia. - ¿No te das cuenta de nuestra situación? - Golpeó la mesa con la palma de su mano. - Hace dos meses que estai sin pega, la plata que queda no nos alcanza pa ni una wea y más encima te dai el lujo de gastarte los ahorros en copete. - Apretó la mandíbula con fuerza. - ¿Por qué chucha se tuvo que morir mi mamá? Él único que estaba de más erai voh. - Cierra el hocico cabro chico, es mi plata y hago la wea que quiera, si queri comer o ir a la escuela búscate una pega y págate tus wea. - Arrastraba las palabras de manera pegajosa. - Ahora desaparece de mi vista. - Con torpeza se desprende de su cinturón para luego dar golpes con este en su mano. Manuel observó aquella situación en completo silencio, sabía lo que venía y por reflejo su cuerpo se estremeció, comenzó a retroceder lentamente sin darle la espalda temiendo que si lo hacía le llegara un golpe de improviso. Pese a su precaución el mayor estrelló la hebilla de su cinturón contra el abdomen del chico. Manuel se retorció por el dolor y ardor que esos ya familiares golpes provocaban, no lloraría, no al menos frente a él, antes de que su padre le propinara otro golpe se echó a correr hacia la salida, con manos temblorosas abrió la puerta y salió a la calle. Ya era bastante tarde y poca gente deambulaba por la calle, solo se veían un grupo de antisociales que se ganaban en una esquina para traficar libremente, pese a su oficio eran chicos del vecindario por lo que todos se conocían, Manuel los saludo y de paso les pidió un cigarrillo, Pedro quién era uno de los más jóvenes y nuevo del grupo le regaló dos, había llegado hace dos años al país, se había aventurado tras una chica que le había robado el corazón a distancia, de día trabajaba repartiendo gas y por la noche se dedicaba a vender marihuana, pasta base y cocaína. - ¿A dónde vas tan tarde carnal? - Se para frente a él impidiéndole el paso. - Voy al mirador, tuve rollos con mi viejo y me sacó de la casa. - Se encoje de hombros restándole importancia. - Pero no te preocupes por mí, me voy a juntar con el Migue. - Ve con cuidado chamaco. - Le mira con una mezcla de pena y nostalgia, la vida de Manuel le recordaba a la propia, sin más que poder hacer por él se hizo a un costado. Al llegar al mirador le mando un mensaje a Miguel. "Lo siento, sé que me excedí, no estoy bien, te espero en el mirador y trae algo para comer." Guardó su teléfono que casi no tenía batería y se quedó sentado en uno de los bancos de madera mirando hacia el mar. Los minutos transcurrieron con tanta lentitud, hacía frío y el cansancio comenzaba a pasarle la cuenta. Se dejó guiar por su reloj mental, había transcurrido ya unos cuarenta minutos y no tenía noticias de Miguel, no lo culpaba, él se portó como una mierda con el peruano. Se recostó en el banco acomodándose en el reducido espacio para luego cerrar los ojos. Una suave caricia en su cabello lo trajo de vuelta a la realidad, sus ojos avellana se encontraron con los ojos ámbar de Miguel y una vez más se manifestaron esas alocadas sensaciones en su interior, desvió la mirada y rápidamente se sentó dándole espacio al chico para que se acomodara a su lado. El moreno se sentó a su lado, colocó la mochila que llevaba sobre sus piernas sacando desde dentro un sándwich y un refresco para ofrecérselos a Manuel. Se quedaron en silencio, Manuel comía con lentitud mientras disimuladamente acariciaba su abdomen. - Muestra donde te pegó. - Pidió con autoridad mientras su mano se posaba sobre la del chileno. - No quiero, no es nada. - Sintió la punta de sus orejas arder. - Manuel... - Sin importarle las protestas de su amigo le levantó el polerón y la camisa del colegio. - Eso se va a poner morado. - Palpa la zona con la yema de sus dedos. - Vamos a mi casa, necesitas dormir y tomar algo para el dolor, y no me digas que no huevón. - Quería ver el amanecer. - Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. - En el verano podremos, ahora estamos en invierno pedazo de imbécil. - Le coge de las manos comenzando a jalarlo con él. Miguel lo condujo hasta su casa sin soltar sumano, y Manuel no hizo nada para apartarlo, aunque jamás lo aceptaría frente anadie pero siempre ha disfrutado tanto de su cercanía, sus caricias, de su compañía.Al llegar se cuelan por la ventana para que nadie los escuche y sigilosamentese encaminan a la habitación. Miguel le presta uno de sus pijamas el cual aManuel le queda en exceso holgado pero un poco corto en las extremidades al serel peruano más bajo que él. Ambos habían tenido un día largo y en distintasíndoles, difícil. Se metieron en la cama cubriéndose bajo las tibias mantas, comosiempre Manuel se pegó contra la pared y Miguel contra su espalda, condelicadeza le abrazó por la cintura para luego dejar un suave y corto besosobre su nuca. "Te amo tanto Manuel." Pensó el peruano antes de cerrar sus ojos y dormir
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