Capítulo 1 - El lugar donde te conocí

1476 Words
- Señorita Herondale, su padre ha designado un automóvil y una casa para usted –dice Katria tras una leve reverencia. - ¿Algún consejo para sobrevivir aquí? –les mira atento a cada uno. - Las revistas de moda, señorita –dice Katria recordando a todas esas mujeres modernas. - Bien –asiente sin saber qué más puede hacer–, Vladimir, detente en algún lugar donde las vendan. - Lo que ordene, señorita –dice él en tono tranquilo. Se detienen en una esquina, había muchos periódicos y otros que parecían libros, pero más delgados. Katria se bajó, se encaminó al puesto, tomó varios de esos libros delgados y a los pocos minutos regresó, haciendo que Vladimir se ponga en marcha. - Aquí tiene, señorita –dice Katria entregándole las revistas, Herondale comienza a hojearlas. - ¡Vaya! Que complicado –dice viendo a todas las modelos, las cuales lucen diferentes conjuntos, unos un poco extravagantes para su gusto, y eso ya es decir mucho. - Ya hemos llegado, señorita –dice Vladimir deteniéndose frente a un edificio muy grande. - Esta casa es muy grande para mí –dice seria mientras ve el gran número de ventanas. - Este es un edificio residencial, su departamento está en la segunda planta –dice suave mientras señala. - Ya veo, entonces vamos –dice encogiéndose de hombros. Vladimir aparca en el estacionamiento del edificio, apaga el automóvil y sale para abrirle la puerta a su joven ama. Herondale camina con paso firme; le seguían Katria y Vladimir. El edificio estaba en silencio, el único sonido que se escuchaba era el repiqueteo de los tacones de ella. Se detiene en una puerta marcada con el número 213. - Hola –dice una voz femenina que distrajo a Herondale. Ella se volvió hacia ella y le sonrió–, soy Doreen Wentworth. - Mucho gusto, soy Perséfone Luxfero, encantada de conocerte –le sonríe con falsedad, odiaba usar su verdadero nombre, pero no podía hacer mucho. - El gusto es mío –aprieta su mano con emoción–. Me gusta tu nombre, es muy inusual –le comenta emocionada. - Gracias –le sonríe mostrando los dientes–. Tu nombre también es muy bonito, ¿recién te cambiaste? –pregunta en el tono más casual que puede. - No, llevo dos meses aquí –dice animada, pero ella ya sabía la respuesta. Herondale leyó en la mente de Doreen que tenía casi cuatro meses de embarazo y que estaba casada con Nathaniel Wentworth. - ¿Estás tú sola? –pregunta en tono inocente. - No, vivo con mi esposo, él está trabajando –niega y puede ver el amor cuando observa su argolla de casada. - Que bien, ¿recién casados? –pregunta en falso tono alegre–, disculpa mi curiosidad –dice apenada. - No te preocupes, me encanta platicar –le sonríe con sinceridad–. Llevamos casi un año de casados. - Felicidades –dice con un falso tono alegre. - Gracias; sabes, tengo casi cuatro meses –dice al tiempo que toca su vientre, eso le había traído un recuerdo, aunque no sabía si era amargo o dulce. - Deben estar muy emocionados –dice casi chillando de la emoción. - Sí, mucho –lo dice con una amplia y sincera sonrisa–. A pesar de que fui yo quien inició la conversación, tengo que irme, discúlpame. - No te preocupes, aún tengo que desempacar –señala la pequeña maleta en su mano. - Cierto, bienvenida –dice ella con una enorme sonrisa sincera. - Gracias –dice Herondale despidiéndola con la mano, la baja y entra, respira aliviada, la verdad es que se sentía raro el contacto con otras personas. Katria comienza a ordenar la casa. Cada día salía a recolectar almas, a realizar contratos, así pasaron alrededor de cinco meses. Una tarde cuando volvía, se encontró con Doreen, ella se sostenía con una mano en la pared y con la otra el vientre, era notorio que había entrado en labor de parto. - Hola –jadea apretando los dientes–, sé que apenas nos conocemos pero –grito y se dobló por el dolor–, ¿podrías ayudarme? Era una lata, pero un ser humano era otra alma que podía corromper. Había leído en la cabeza de Doreen que Nathaniel había muerto en un accidente hacía ocho minutos; ahora entendía la razón del parto prematuro. - Claro que sí –dice seria, se gira–, Vladimir –dice llamándolo. - ¿Sí señorita? –pregunta en el marco de la puerta. - Ayúdame a llevar a Doreen al auto –este asiente y se acerca a la mujer. - Claro –dice Vladimir acercándose a ella, la toma en brazos con mucho cuidado. Baja con rapidez las escaleras y la deposita con suavidad en el asiento trasero. - Tranquila Doreen, todo va a salir bien. –Doreen asiente antes de comenzar a inhalar y exhalar; coge la mano de Herondale intentando encontrar apoyo. Cada cierto tiempo grita, apretándole la mano con fuerza, aunque para Herondale es como si fuese un apretón de manos. En menos de diez minutos, ya estaban en el hospital, unos enfermeros bajaron a Doreen y la llevaron a urgencias. Pasada media hora, el doctor salió del quirófano, se quitó la mascarilla y la guardó en su bata. - ¿Es usted familiar de la señora Wentworth? –dice tras acercarse. - Sí, soy su prima; ¿cómo está? –dice con sinceridad, la mentira era algo de familia. - Bien, ella y él bebé están estables –le sonríe, podía leer en su mente lo gratificante que le resultaba traer a los pequeños al mundo. - ¿Puedo verlos? –dice suplicante, a pesar de que no era muy cercana a Doreen, tenía curiosidad por la pequeña alma. - Él bebé ya está en los cuneros; a la señora Wentworth puede verla en cuanto la pasemos a piso –dice en tono serio, ella asiente. - Gracias –dice con una sonrisa falsa. Después de las indicaciones que le diera el doctor, se encaminó a los cuneros. Al llegar, recorrió con la mirada cada cunero, seis... siete... ocho hermosas almas para corromper. Fijó la mirada en el cunero con el apellido Wentworth, el niño tenía de nombre Frederick. El niño es una monada, pensó Herondale embelesada. Frederick abrió los ojos y clavó sus hermosos ojos ámbar en sus ojos color vino, en ese momento lo reconoció; el cabello castaño oscuro, los ojos ámbar... el alma que residía en aquel pequeño ser, no dejaba duda que era él... su amado Mikell. Retrocedió y con rapidez fue donde Doreen; ella sonrió al verla. - Hola Perséfone, ¿lo has visto? –pregunta emocionada. - Sí, es una monada –dice ella con una sonrisa sincera, por primera vez, estaba feliz. - Me gustaría que Nath estuviera aquí –dice con tono triste. - ¿Por qué no está aquí? No creo que el trabajo sea más... –guarda silencio cuando ve la expresión de Doreen. - Él murió hace dos horas –dice interrumpiendo la frase de Herondale. - Lo siento, disculpa mi torpeza, n-no fue mi intención –tartamudeo con fingida pena. - Lo sé, está bien –le dedica una pequeña sonrisa de lado–, además, aún tengo un pedacito de él. - Sí –dice antes de que el doctor entre. - La paciente necesita descansar –le asiente al doctor. - Claro, hasta pronto Doreen –le sonríe antes de salir. - Gracias por todo –dice con sinceridad. - De nada. –Era la verdad, haber ayudado a que él naciera, era una gran satisfacción. Salió de la habitación y se reunió con Vladimir. - ¿Está bien? –pregunta él en tono respetuoso, era notorio que le había cogido afecto a Doreen. - Sí; necesito encontrar otro lugar donde vivir –sentencia con seriedad, a pesar de la confianza que les tenía, no podía decirles, era demasiado peligroso. - ¿Qué ocurre señorita? –pregunta preocupado. - Nada, es sólo que... este lugar ya me aburrió –hace un ademán con la mano, restándole importancia–. Además, no hay muchas almas hoy día –se encoge de hombros. - Como diga –dice haciendo una reverencia; Herondale comienza a caminar con Vladimir siguiéndole los talones. Lo primero que haría sería contactar a Dimitri y Givana, ellos vigilarían a Mikell. Lo segundo, buscaría un apartamento en otra ciudad. Y por último, recolectaría tantas almas como le fuera posible, así, cuando regresara, el alma de él sería suya. Así, el 2 de febrero de 1992, un extraño y retorcido destino comenzaba a formarse. ¿Cuánto de lo que va a suceder es coincidencia y que inevitable?
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