— ¿Dónde estabas antes de venir? —Habló tomando entre sus manos su pequeño brazo. Ella miró sus ojos, haciendo un puchero. —Tenía que venir ante de olvidarte por completo, por eso me he escapado de aquella habitación —La simple respuesta de la pequeña niña hizo añicos por alguna razón el corazón de Maximiliano, ya que un sentimiento extraño en el fondo de su ser no quería que ella lo olvidara por completo. —¿Puedes soltarme? Me duele —Se quejó la pequeña. Fue entonces que Maximiliano se dio cuenta de que su agarre era muy fuerte, por lo que soltó su brazo, pero al instante sus ojos vieron las marcas negras que tenía en su antebrazo que habían sido provocados por las agujas. —¿Te has lastimado? —Logró articular con voz entrecortada viendo las espantosos moretones que tenía sus brazos.

