—¡Ups! —escuché exclamar a alguien a mi espalda. Lentamente me separé de Anel—, disculpa la interrupción. Al aclarar la mente, comprobé que es la voz de Aitana. Observé a Anel quien se ve en el mismo estado de aturdimiento en el que me encuentro, respiré profundo, pasé una de mis manos por su mejilla en una caricia tierna y decidí voltear a mirarla. Venía acompañada de Leopoldo, quien me observó con dureza, supongo en rechazo a lo que sus ojos acaban de ver. Decidí ignorarlo, pensando que en algún momento habría de acostumbrarse a la idea de tenerme no solo como socio sino también como un m*****o más de su familia. Es un buen hombre, centrado, racional, inteligente. Esa misma habilidad que ha tenido para los negocios es la que en mi mente esperé asuma al aceptar la decisión de Anel y yo

