Somnífero

1757 Words
La vista de toda esa información mediática repetitiva, la gente exponiendo sus tristezas, desgracias, dichas y alegrías iban pasando una tras otra, tras otra, tras otra, por lo que eventualmente me quedé dormida; no recuerdo mucho de ese sueño para ser sincero, porque de lo poco que puedo tener presente del mismo son apenas unos minutos, había soñado un estado totalmente omnipresente de mi cuerpo, soñaba que estaba en varios lugares, soñaba que estaba con mis amigos, pero a la vez no, era como ver una película, porque no podías interactuar pero te fijabas en todos los detalles de la misma, me sentía como la brisa de un bosque, navegando de aquí para allá, haciendo mover el cabello de los verdaderos protagonistas de mi sueño, parecía que yo era una brisa que llegaba les movía un poco las pestañas y otra vez se iba, a seguir cumpliendo su función de fenómeno natural. Finalmente mi cuerpo se volvió rayo de sol, un rayo de sol como de recién amanecer, en una multitud de gente que ahora no reconocía, parecían cansados, tenían el rostro de personas que habían pasado toda la noche realizando una batalla de guerra, o como si no hubiesen parado nunca de bailar, estaban agotados, como queriendo más, pero su cuerpo impidiéndoles tal actividad; pero no entendía si era un sol de amanecer que hacía una muchedumbre tan organizada en este lugar, lugar que por cierto se iba expandiendo y expandiendo conforme me fijaba en él. hasta que en cierto punto la muchedumbre quedó como un pequeño punto en comparación con el gran potrero en donde se encontraban, ¿Qué hacían allí? Si realmente no hay nada por hacer, cuando de repente la gente de un momento a otro, todos a la vez, empezó a hablar, unos con otros, riéndose, sintiéndose parte de un conjunto, de una sola masa, como una bola de carne conjunta que lo pasaba bien pese al agotamiento casi hasta el éxtasis de la muerte. No podía dejar de presenciar ese panorama y querer materializarme en alguien, aunque no fuese yo misma, quería ser parte de toda esa gente que le daba un propósito a su vida, sentía la necesidad de querer ser como ellos, encontrar algo que hacer hasta el punto de agotarse a un punto de casi morir de agotamiento, pero no era lo importante eso, sino estar haciendo eso que me gustaba. Un olor a comida y un calor impresionante me levantó, porque el sueño se estaba derritiendo, se estaba volviendo la sala de un comedor comunal lleno de gente, donde la comida finalmente me despertó, eran poco más de las tres de la mañana, sabía que la aroma que me despertó era la de los platos en mi cuarto, sumado al calor que tenía pese a haberme dormido por sobre las cobijas, mi cuerpo estaba frío pero mi cabeza caliente, mis manos y mis piés, todas las extremidades estaban agotadas, me dolían, pero me sentía agradecida por sentir un dolor tan semejante al haber hecho algo, como la gente en el sueño, eso fue lo que me brindó la seguridad de sumarme, sumarme a cualquier oportunidad que viese, en este caso, a Versalles. Me levanté, me dolía la espalda por la posición que me había dejado mi consciencia para dormir, miré hacia el escritorio y vi al culpable del despertar de mi letargo, el plato; lo agarré junto con el vaso y me dirigí a ciegas a la cocina, iba a paso lento, con un calor en la planta de mis pies, sentía el fresco del porcelanato congelado de medianoche y llegué a la cocina, dejé los trastes allí y de regreso iba a parar al baño. Me miré en el espejo, me veía fundida, como ellos, como los mensajeros de mis sueños, me veía totalmente arruinada, pero sabía que era por la falta de sueño, me lavé la cara y la cosa mejoró bastante, la piel se puso tersa como si se hubiese chupado cada gota de agua y otra vez las mejillas rojizas y coquetas. Esa noche dormí, dormí en compañía de los que saben vivir, de los que se la gozan y encontraron pasión. Al día siguiente me desperté enguayabada, totalmente trabada del cerebro, bien tarde, cerca de la una de la tarde; sabía que tenía compromisos, especialmente con Isabella, pero no me dijo nunca a qué hora, pero supongo que a cualquiera estaba bien, era una mujer de la noche, de esas gatas que no se duermen y que en la oscuridad están mucho más vivas. La llamé para aclarar dudas, me dijo que cuando quiera estaría bien, que no había problema con la hora que llegase, le dije que iba a ir por mi obra y mi bici antes de ir para allá, me respondió que si quiere nos podríamos ver en el salón central y de allí partir juntas, pero eso sí, sin bici porque la de ella estaba oxidada y vieja, que ya ni podía usarla. Respondí que sí, pero a qué hora, dijo que a las seis estaría bien, lo que me bajó totalmente la gana que tenía que tenía mi cuerpo de moverse por esa tarde ya que aún quedaban varias horas y no era muy lejos de aquí, no me molestaba ir a pié o coger un taxi; no obstante sí me levanté, quería agarrar movilidad para no estar tiesa a la hora de verme con Isabella, me daba cierto sentimiento de querer verme bien, osea, verme bien no es que me cueste, el cabello pese a lo desenmarañado suele verse bastante atractivo para muchos y mi rostro posee esa silueta finita que tantos añoran acariciar; pero esta vez quería aunque sea hacer un esfuerzo mínimo. Comí despacio, me bañé y me puse un abrigo claro con unas vetas marrones, me quedaba algo grande, pero no me quedaba mal, por lo que caminé triunfante hacia la salida de los apartamentos, me había maquillado, una pestañina que me hacía ver los ojos totalmente vivos, los que entraban me miraban, algunos ya me conocían, los “Buenas tardes” no se hicieron esperar como excusa para dirigirme la palabra en búsqueda de una réplica de mi parte que les permitiese hacer el intento de entablar una conversación, y si respondía, primero están los modales, pero nunca me detenía, miraba hacia adelante y no me molestaba en reconocer quien me daba el saludo; salí de los apartamentos y caminé en dirección al salón central, me sentía totalmente enérgica, quería ver hasta dónde podía llegar con mis pinturas, que con suerte iban a ser parte de una gran exhibición de pinturas mucho más frescas, dirigidas a públicos que si bien tienen el dinero para pagarse esto, poseen una razón mucho más de peso sobre el arte, no lo compran sin más, sino que había gente criterio, porque pues la gente que lo tiene no le importa el lugar donde se comercialice, sino el fruto en bruto. Llegué dando vueltas por todo el centro para hacer tiempo, me había apresurado con la hora de salida y tuve que dar muchas vueltas hasta llegar allí a las seis, allí estaba Isabella, puntual. —¡Hola Gaby!—dijo enérgica y con mucha confianza al abrazarme —Hola Isa—me tomé la libertad de llamarla de una forma más relajada que lo que estaba haciendo ayer —Te viniste arreglada eh, me gusta—dijo mirándome de abajo para arriba de una sola barrida —Sentí que era el momento de echarme una mano—dije riéndome —Pues te ves muy bien—dijo sincera—pero bueno, a lo que vinimos, dices que tu pintura está aquí, ¿No?—dijo mientras miraba el título de “Salón Central” en el eje del edificio —Si, no creo que demoremos mucho. Vamos—, dije mientras caminaba hacia el interior, hoy estaban haciendo otras exposiciones, por lo que desplazaron mi pintura hacia uno de los pabellones de atrás —Me dijo Ana María que tu obra estaba en exposición, ¿Qué pasó? —Si, pero las exposiciones duran normalmente un día, aquí es muy peleado y viene mucha gente a exponer sus obras, por lo que cuando sales de exposición te echan para atrás —Bastante paila—dijo criticona—deberían de poner las que están en exposición al fondo, así hacen que obliguen a los visitantes y posibles compradores por en frente de los que no lo están y podrían pescar alguno —Muy cierto—verdaderamente decía con contundencia y bastante razón cada una de las palabras que salían de su boca —Además, que manera de tratar a tus expositores, solo un día te da de telón, pero el resto de días te echan casi que al desván—dijo poniendo una cara casi petulante hacia la pésima gestión del lugar—me pregunto quién será el encargado —Allí está—le dije señalando con la mirada a Don Antonio— —Está bien viejo—dijo sorprendida —Normalmente siempre hay un viejo a cargo de estas vainas, ¿No? —Bueno, no siempre, pero pues se le ve lo odioso por encima—decía sin conocerlo, pero con total razón —Es bastante egocéntrico, alguna vez fue invitado como comprador de arte en el evento de la alcaldía de pintura —Ajá —Y pues el man tenía ya su fama, pero como vino se fue, ya nadie sabe quién es, ahora es un trabajador común y corriente, pese a que tiene peso aquí en las decisiones del Salón —Ah, ¿Qué ni siquiera es el dueño entonces? —No, no lo es; hay es una dueña, pero nunca está, ya sabes, cosas de ricos, viajar por Europa —Pues si, pero bueno, ya sabes, cada uno se pone los clavos a su ataúd como quiere, y ese viejo se ve que simplemente quiere sacar lo más rápido que pueda, porque no creo le quede mucho tiempo—dijo casi riéndose— una obra maestra para que vuelva a ser reconocido aunque sea una semana y sentirse pleno Lo que decía Isabella tenía toda la razón del mundo, tenía un conocimiento del comportamiento de la gente totalmente acertado, e intuía de manera muy propia sobre ellos, lo que me puso a pensar si ha hecho ese escaneo general conmigo, y si es así, qué la tiene con el interés de acompañarme a recoger mi obra, si realmente iba a ir a verla después.
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