Oferta

1770 Words
Ana María se quedó analizando la conversación muy atentamente, mientras que Isabella se le veía tranquila y calmada, eran dos sentimientos muy disparejos los que se podían sentir en la sala, frente a la estatua. Al poco rato apareció un señor, de una edad alta, como si hubiese venido directamente desde la otra exposición. “Busco a la señorita Ana María”, dijo muy tranquilamente; así mismo que ella respondió. “Ven, vámonos y la dejamos en su venta” dijo Isabella, mientras me volvían a guiar como un becerro.  —Entonces, ¿Te gustaría la idea? —¿Perdone?—dije distraída —Si te gustaría vender tus obras aquí, si eres amiga de Ana María y al parecer ya tienes experiencia, para mi sería un placer darte un espacio para que puedas vender tus obras aquí —¿Hay comisión?—pregunté —Ninguna para los amateur, cobramos comisión del 13% pero hacia los artistas que ya tengan peso de reconocimiento o excedan una venta del producto que supere un doscientos por ciento al valor que tenemos de promedio—dijo concisa —Bueno, parece que tienen todo muy listo aquí, entonces me parece que me uno—le dije con una sonrisa— pero no tendré una obra sino hasta dentro de unos días —¿Y por qué no sacas la que tienes en la del centro y la traes? —¿No sería algo así como ser un traidor? —¿Tú lo ves así? —La verdad es que no, tenía planeado sacarla de allí, pero te lo oculté porque pensé que ibas a salir con algún mensaje moral de no traicionar a la mano que te da de comer —Jajaja, para nada—dijo mientras hacía un gesto con la mano— el que trabaja mira donde vende, aquí no le vamos a cortar las alas ni amarrarlos aquí, ni siquiera tendrás que firmar un papel de contrato, solo tendrás que firmar el artículo de propiedad como tenías que hacerlo allí —Me parece perfecto—dije serena —Aquí vende cuando quieras, y si no quieres, no lo haces, si quieres sacar tus pinturas u obras, hazlo, nos da igual, en cuanto avises no habrá problema, porque contamos con gente que se encarga de hacerle publicidad a tu obra —Vaya, tienen hasta staff de publicidad —Para que veas, podremos no ser el museo de arte de París, pero tenemos lo nuestro y tenemos a nuestra gente trabajando arduamente —Entonces mañana mismo voy por ella—dije contundente —Esa es la actitud, si necesitas algo llámame—me dijo mientras me entregaba una tarjeta pequeña con sus datos de contacto Agradecí la tarjeta y la tomé, el resto de la noche parecía ir con bastante tranquilidad, el sitio era tranquilo pero despedía de él una atmósfera vibrante, como si estuviese retumbando en sus adentros. —¿A ti te gusta el arte?—le pregunté —No sé, ¿y a ti? —¿Qué clase de respuestas son esas?—repliqué —No es que no me guste, es que creo que el arte es propiamente una facultad que solo los artistas pueden entender, es como la música también, mucha gente puede oírla o apreciarla, pero no sabe nada de ella. Es como si me dijeras si me gustan los edificios, puedo decirte una cosa, pero realmente no se nada sobre ellos, al igual que la gran mayoría de personas —Pero el arte tiene un valor intrínseco dentro de si; es lo que le da ese valor adicional a lo que plasmas en un cuadro, una escultura, un dibujo o lo que sea —Ya suenas como mi novio—dijo con un movimiento de cabeza hacia atrás —¿Es artista?—pregunté —De vez en cuando, cuando le nace —¿Vende aquí? —Solo lo ha hecho en contadas ocasiones en este lugar, pero prefiere vender independiente —Entonces debe ser muy bueno, porque para vender en independiente, sin ayuda de local, es algo muy llamativo de lo talentoso que es —Eres alguien muy atenta en esto del arte—dijo mirándome de reojo—para serte franca, es el dueño de este lugar —¿En serio? Entonces por eso fue la demora y el drama en responderme si eras artista o trabajabas aquí —Bueno, no trabajo ni pinto aquí, pero a veces hecho una mano a las artistas que aquí están—dijo mientras volteaba a mirar en dirección al pasillo que conducía a Ana María —¿De qué conoces a Ana María?—pregunté —Eso es algo que deberías preguntarle a ella—dijo con un tono totalmente neutral, sin inferir nada, lo que me hizo guardar silencio durante un rato, ella tampoco dijo nada Ambas nos quedamos viendo por una de las ventanas del segundo piso, se veían los autos pasar a lo lejos y una zona verde totalmente oscurecida por la falta de luz de las bombillas de los faroles de la calle, la noche estaba azotando tormentosamente cada esquina, me quedé pensando en esas calles y en si había un monstruo observando allí a alguna persona, o incluso, esperando mi salida para atormentarme y burlarse de mí. —¿Crees que la gente pinta con una razón? Gabriela—preguntó cortando el silencio —Pues….—me tomé mi tiempo para analizar la pregunta— creo que nadie se quiere morir de hambre, es una pregunta muy amplia —Si, pero me refiero a los que pintan no por necesidad —Y bueno, ¿Quién no pinta por necesidad? A veces es lo único que se puede hacer, mucha gente pinta porque siente que es lo único que sabe hacer, que es lo único con lo que llevar las riendas de su propia vida, mucha otra gente pinta solo por inercia, quizá porque es su trabajo y lo ven llanamente como eso —¿Tú cómo lo ves?—me preguntó —Yo creo que de todo un poco —A ver —Creo que cada persona pinta porque necesita respuestas, yo cuando pinto es porque siento algo que me está suscitando ser resuelto, o por lo menos aclarado en mi cabeza, y eso hace que se vuelva inspiración todo ese agobio, pero a la vez sé que necesito ir aclarando el panorama para encontrar nuevas formas de inspiración, nuevas respuestas para ser encontradas, por lo que necesito dinero, entonces es como un telar donde se conectan muchas cosas, pero los hilos son el arte. La verdad sin arte no sabría que estaría haciendo, y realmente es algo que no sabré. —Vaya que te metes en tus videos mentales—dijo riéndose —Bueno, yo me entiendo —No, no me estoy burlando jajaj, solo que tienes una forma muy rara de ver el arte —¿Y cómo es la manera auténtica de verlo?—dije alzando las cejas —Pues no sé muchos dicen simplemente que es algo que sientes, o que es por el trabajo, o como tu dices, porque es lo único que saben hacer, entonces pues le sacan el jugo —¿Ves? —Pero tu lo ves bacano, no te lo voy a negar Se rio y me sentí en seguridad con ella, era alguien bastante cálida, y ahora que la tenía sentada cerca a mi pude notar que era bastante atractiva, tenía pecas esparcidas por todos sus pómulos y unos labios pequeños en longitud pero anchos en volumen, tenía una figura de esas por las que los hombres se mueren, con unos pechos bien formados y una cadera prominente. Inmediatamente miré mi reloj de mano, uno ya cascado por los años y a los que en algunas partes del mismo ya se le había caído la “plata” que lo recubría. —Bueno, yo me tengo que ir, si algo nos vemos mañana, si es que estás aquí—le dije a Isabella— —¿Tan temprano?—preguntó con un tono alargado en forma de queja —Si, aparte hoy vendí una pintura, entonces vengo cargando plata, y me queda mejor venir desde la casa hasta el salón central, recoger la pintura y venir con ella, ya mañana tendré más tiempo si es que estás aquí. —Entiendo entiendo, entonces me despediré de Ana María por tu parte cuando ella acabe la venta —Si, iba a esperarla aunque sea para hablar más rato y luego despedirme, pero se está demorando un montón en vender esa vaina —No te preocupes, yo le dejo tu mensaje, y le digo que vendrás mañana si quieres —Dale, todo bien entonces—dije mientras tomaba mi maleta y caminaba en dirección a las escaleras de caracol Fui saliendo a paso lento, estaba contemplando la iluminación que tenía el eje central del edificio, estaba muy hermoso ya con las luces prendidas a estas horas de la noche. Caminé por toda la acera, retomando el camino por el cual había venido con Ana María, a un paso cada vez más acelerado por la inseguridad de estos lares a estas altas horas de la noche. Llegué a la avenida principal y empecé a caminar calle abajo hasta encontrar una estación de Transmilenio, con el dinero que me habían pagado por la pintura pude recargar la tarjeta para el acceso a la estación y agarré el primer transporte que me llevara en dirección norte por toda la avenida. Me subí dificultosamente por la cantidad de gente que había en el bus, estaba totalmente a reventar, el aire estaba caliente y los sentimientos de claustrofobia vinieron a mi, me sentía con necesidad de estirar los codos, pero no podía, habían cuerpos por todo lado, como una gran masa de carne que me rodeaba y consumía; solo tuve que esperar un par de estaciones más para acomodarme en un mejor espacio, contra la ventana fría que parecía irse opacando por el calor interno de la máquina y de la gente. Veía en comparación de la tarde, la gente callada, solo se escuchaban susurros, una tos suave de vez en cuando; la gente parecía dedicarse a intentar descansar aprovechando estar en un lugar tan callado, incluso la gente que iba de pie parecía dormirse, usando a la masa de gente que la rodea como colchón, esta masa los recogía y les daba refugio mientras descansaban; la gente suele en estos lugares intercambiar miradas con todo el mundo, pero todos estaban cabizbajos, como si viniesen de una tragedia totalmente calamitosa.
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