POV JOHANH
Salgo del restaurante antes de tiempo, algo poco común en mí, pero no quiero volver a casa sin la pijama que le prometí a Niklas. Ya tiene varias, pero no importa. Si mi hijo quiere una pijama nueva de dinosaurios, la va a tener. Camino entre los pasillos de la tienda, buscando algo que le encante, algo que le haga soltar ese gritito emocionado y me abrace con fuerza. Encuentro una azul con un T-Rex enorme y sonrío. Perfecta.
Llego a casa y en cuanto abro la puerta, mi hijo corre a recibirme. Me inclino y lo levanto en el aire, haciendo que suelte una carcajada estridente.
—¡Papá, papá! —dice, colgándose de mi cuello—. ¿Me la compraste? ¿Me trajiste mi pijama?
Saco la bolsa y se la entrego. Sus ojos brillan al ver el T-Rex estampado.
—¡Sí! ¡Es la mejor! —grita, corriendo por la sala mientras la muestra a Monica.
—A ver, enano, ven para acá —digo, sentándome en el sofá. Él corre y se sube a mi regazo, acurrucándose—. ¿Te la vas a poner ya o esperas a la noche?
—¡Ya! —dice emocionado.
Le ayudo a ponérsela y él no para de saltar y rugir como dinosaurio. Monica nos observa desde la cocina con una sonrisa burlona.
—Eres un blando con ese niño —dice ella, cruzándose de brazos—. ¿Qué va a pasar cuando crezca y te pida un auto en lugar de una pijama?
—Le compraré un auto de juguete —respondo con una media sonrisa.
Niklas sigue rugiendo y jugando, hasta que lo tomo en mis brazos y lo acuesto en el sofá.
—Mañana no desayunaré contigo otra vez, campeón —le digo, y veo su expresión cambiar. Se muerde el labio y baja la mirada. Me parte el corazón—. Pero te prometo que termino temprano y vamos al cine con Monica, ¿qué dices?
—¿En serio? —pregunta con ilusión.
—Te lo juro —le digo, besándole la frente—. Ahora, a dormir.
Después de dejarlo acostado, bajo las escaleras. Monica me lanza una mirada de "te pasaste".
—Te va a salir caro romper esa promesa, idiota.
—Siempre cumplo mis promesas con él —le respondo, encogiéndome de hombros.
—No con las mujeres —dice burlona, y yo solo suelto una carcajada.
...
Al día siguiente, paso por Olivia a casa de Matt. Cuando llego, Matt ya está afuera con un café en la mano. Olivia aparece después, vestida totalmente diferente a ayer: jeans, gorra, tenis y sin un solo accesorio. Sonrío, porque al menos entendió la lección.
—¿Lista, princesa? —le pregunto con burla.
Ella solo me lanza una mirada de odio y se sube al auto.
Matt se sienta adelante y, en cuanto arranco, la conversación fluye como siempre. No me importa que Olivia escuche, nunca me ha importado.
—Hoy sí me desquito, hermano —le digo a Matt, con una sonrisa de lado—. Anoche no salí porque tenía que dormir, pero esta noche me voy de cacería.
Matt solo se ríe, negando con la cabeza.
—Eres una v***a suelta, cabrón.
—Ni que fuera novedad —respondo, encogiéndome de hombros.
Miro por el espejo retrovisor y veo a Olivia fruncir el ceño. Me divierte su incomodidad.
Llegamos al mercado y antes de bajarnos, le entrego a Olivia una lista con los precios exactos que quiero.
—Consigue estos precios o mejor —le digo, con una sonrisa maliciosa—. No vamos a salir de aquí hasta que lo logres.
Ella toma la lista y aprieta los labios. Me bajo del auto y la observo caminar. Esta vez, se ve mucho mejor preparada. Nada de vestidos elegantes ni tacones ridículos. Pero eso no significa que deje de verla de la manera en que lo hago. Los jeans se le pegan de una forma que me hace maldecir internamente. Intento concentrarme en lo que estamos haciendo, pero cada vez que la veo moverse entre los puestos, regateando, fallando, pero intentándolo, me invade un jodido pensamiento lascivo.
Y me fastidia.
Me fastidia porque es Olivia. La hermana de mi mejor amigo.
Pero, joder… es imposible no verla.
POV MATTHEW
El mercado era un caos de voces, olores y movimiento. A pesar de lo temprano que era, la actividad estaba en su punto más alto. Me quedé unos pasos detrás de Olivia y Johanh, observando la forma en que él la guiaba con una mezcla de paciencia y dureza. No me sorprendía que la estuviera riñendo. Lo que sí me sorprendía era que Olivia, en vez de rendirse o hacer su típico berrinche de niña consentida, lo intentaba de verdad.
Mi hermana había crecido rodeada de lujos. Nunca le había faltado nada, y aunque tenía un carácter fuerte, esto era nuevo para ella. Verla regateando en el mercado, con su gorra, jeans y tenis, me daba un extraño sentido de orgullo. No lo hacía bien, pero lo hacía. Y eso ya era algo.
—Vas a pagar de más otra vez, princesa —se burló Johanh, cruzado de brazos, mientras Olivia trataba de cerrar un trato con un viejo que vendía jitomates.
—Déjame hacerlo sola —protestó ella, sin mirarlo.
—Pues hazlo bien, joder. No estamos aquí para que juegues a la vendedora de i********:. —Él se rió, y yo también solté una carcajada.
Olivia bufó, pero siguió intentándolo. Johanh me miró y rodó los ojos.
—Ya es un avance —comenté, viendo cómo mi hermana intentaba discutir el precio con algo más de firmeza.
—Sí, pero sigue teniendo cara de "¡Soy una turista estúpida, véndanme caro!" —se burló Johanh, antes de meterse una manzana en la boca y hablar con la boca llena—. Oye, ¿te acuerdas de la pelirroja del otro día?
Yo solté una carcajada.
—¿Cuál de todas, cabrón?
—La que me clavé en la oficina, en la madrugada. —Se pasó la manzana de un lado a otro de la boca—. Gritaba como si la estuviera matando.
Negué con la cabeza.
—Eres un enfermo. ¿Ni siquiera recuerdas su nombre?
—¿Para qué? —Se encogió de hombros—. Mira, Matt, si las recordara todas, me volvería loco. Es mejor así. Lo importante es que fue buena, me lo pasé de puta madre y no repito. Son las reglas.
—Tus reglas están jodidas —murmuré, aunque ya lo conocía demasiado bien como para que me sorprendiera. Olivia estaba a unos metros de nosotros, pero seguramente nos escuchaba. No es como si a Johanh le importara.
—Jodidas pero efectivas. —Se rió, dándole un mordisco más a su manzana—. Hoy es viernes, así que toca cacería. Saldré a tomar algo, y veré qué se me antoja. —Me miró de reojo—. ¿Vienes o sigues con tu fase de monje tibetano?
—No todos estamos desesperados por follar, cabrón.
—No todos, pero yo sí —dijo, sin vergüenza—. Y con esta tensión acumulada, necesito desfogarme. Porque joder… —Se frotó la cara y me miró con una sonrisa torva—. Tu hermana sí que me la pone dura.
Le di un golpe en la nuca tan rápido que ni lo vio venir. Johanh se echó a reír, sin ni siquiera quejarse.
—No me jodas con eso —espeté—. Si te metes con Olivia, te mato, cabrón.
—Relájate, Matt, no haré nada —se defendió, aunque la sonrisa no desaparecía de su cara—. Es la hermana de mi mejor amigo, joder. No cruzo esa línea. Solo digo que… está buena. Muy buena. ¿Y qué? No es un crimen pensar.
—Pues mejor que solo pienses, porque si haces algo, no voy a dudar en romperte la puta cara.
Johanh alzó las manos en señal de rendición.
—Tranquilo, tranquilo… No pasará nada. —Luego miró de nuevo a Olivia, que estaba logrando negociar con más confianza—. Pero admítelo, es divertido verla así.
—Sí, pero si te pasas de cabrón, te parto la madre —advertí una vez más.
Él solo se rió y negó con la cabeza. Sabía que era un desvergonzado, pero confiaba en que no cruzaría la línea. O al menos, eso esperaba.