Se mostró razonable y tranquila mientras hablaba. Nadie podría haber relacionado sus palabras serenas con su habitual personalidad un tanto ingenua. Probablemente Paola jamás había escuchado a Zoé expresarse de esa manera. Hubo un silencio al otro lado de la línea. Después de unos segundos, Paola preguntó con incertidumbre: —¿Cuándo me vas a dar los quinientos dólares? —Te los daré en persona, en el hospital —respondió Zoé con un profundo suspiro—. Tía Paola, envíame la dirección más tarde. Tras colgar, Zoé se apoyó en el enorme árbol del jardín, tratando de recuperar el aliento. ¡Solo Dios sabía cuántas de sus células cerebrales murieron durante esa conversación! Su debilidad era que su mente no sabía cómo posponer una situación. Por ejemplo, cuando alguien le hacía un comentario

