Nuriel sentía la desesperación de Kalila como propia y como no hacerlo si era su compañera la que estaba petrificada por el miedo que la recorría. Fue por ello que sin pensarlo dejo salir su poder, casi al completo, como una extensión del mismo sol, abrió sus alas mientras se dejaba ver en el cielo azul, el fuego broto de él, más que haciendo retroceder a la niebla purpura que había en el prado, parecía que la consumía, como si esa niebla fuera algun tipo de gas, entonces, sus ojos siempre agudos, divisaron a los tres descendientes de la luna, los cuales simplemente se materializaron en mitad del prado, dejando en claro que pronto serian consumidos por su gran poder, algo que lo aturdió, de tal forma que solo pudo ver con horror sus figuras, a sabiendas que cuando ellos perecieran, su destino también lo haría, pero nada podía hacer, el fuego ya había sido liberado, pero entonces, un milagro se materializó, una gran pared de agua que pronto se convirtió en hielo, se interpuso en el camino del potente fuego, y mientras este la derretía, ante la furia del fuego que arremetía contra dicha pared, la cabellera de Ikigaí tomaba a Declan, Tahiel y Ukara, como una serpiente rodearía un ratón, de esa misma forma, el cabello azul los envolvió y los llevo a un lugar seguro, mientras la pared de hielo finalmente cedía y el fuego, se consumía tragándose cualquier deje de niebla purpura que pudiera haber.
Aturdidos, confusos e incrédulos, así estaban los cinco, cuando Kalila salió de la cabaña.
— ¿Qué es lo que sucedió? — indago la joven viendo a cada uno, cerciorándose de que estaban bien, al menos físicamente.
— ¿En qué rayos pensabas Fénix al liberar de esa forma tu poder? — solo cuando Ikigaí hablo, fue que se percataron que el delgaducho, ya no era tal, su altura se había incrementado, aunque jamás se compararía a la de Nuriel que ahora media poco más de dos metros.
— Uno de tus sellos se rompió. — dijo el fénix viendo a un lado uno de los gruesos brazaletes de Ikigaí, partido en tres.
— Raro seria que soportara, tuve que liberar casi todo mi poder para tratar de repeler el tuyo.
— ¿Por qué no retornaste antes? Casi mato a los insectos. — refuto ahora enojado Nuriel mientras apuntaba a los descendientes de la luna.
— No culpes a la quimera por tus errores, ¿Cómo es que lanzas un ataque de esa magnitud idiota? — Ukara le plantaba cara a Nuriel y Kalila decidió intervenir.
— Basta, por favor, traten de tranquilizarse, no pueden culpar a Nuriel, él solo actuó por pedido mío, tenía miedo. — aseguro la humana.
— ¿Miedo de que Lila? — la pregunta de Ikigaí los hizo recordar algo, más que nada a Nuriel.
— ¿En verdad no sentiste nada extraño en tu bosque? Fuimos atacados Ikigaí, una niebla espesa y purpura se tragó a los insectos, y Kalila comenzó a sentirse mal. — casi de inmediato Ikigaí envolvió el ser de la humana, su cabello brillaba más que cualquier estrella que alguna vez pudo existir en el firmamento.
— No estas herida. — aseguro sintiendo tranquilidad una vez más. — Pero me preocupa lo que Nuriel dice, yo no sentí nada extraño. — y una vez que lo dijo, vio con vergüenza a Kalila. — te pido que no te asustes mi bello lago.
Kalila lo vio sin comprender, pero solo fue hasta que Ikigaí dio unos cuantos pasos atrás y su cuerpo cambio, que comprendió todo, su peli azul exótico ahora no estaba, en su lugar un ser de dos cabezas se dejaba ver.
— Mi quimera. — dijo maravillada y sin duda alguna, lo que provocó que el enorme ser se fuera sobre ella, causando que todos se envararan, pero finalmente nada malo sucedió, ya que la cabeza de tigre paso su lengua por la mejilla de la humana, mientras la cola del dragón sujetaba un tobillo de la joven.
— Den un paso atrás. — ordeno Nuriel al comprender lo que sucedía.
— ¿Qué? ¿Por qué? — Tahiel no estaba muy dispuesto a cumplir aquella orden.
— La quimera necesita saber qué es lo que sucede en su bosque, y para ello necesita a Kalila, solo apártense.
A regañadientes los hombres se apartaron, solo entonces, la cabeza del dragón dejo salir un fuego azul, que creó un círculo perfecto a su alrededor y el de Kalila, mientras que el tigre rugía de tal forma que las copas de los árboles cercanos se agitaron, y de pronto desde la unión de la cola del dragón y el tobillo de Kalila, una luz azulada salió y se expandió por todo el bosque, dejando a su paso una pequeña y poco grata onda expansiva, entonces, Ikigaí volvió a ser él.
— En mi bosque hay energías extrañas. — aseguro la quimera.
— Los cazadores estan trabajando con brujos. — aseguro Declan y Ukara lo vio sorprendido. — Travos me lo dijo, una rebelión se está gestando, el rey Alpha, Nisha, estaba acabando con un grupo de lobos rebeldes.
— ¿Cómo sabes eso? ¿Dónde y cuándo viste a Travos? — Nuriel no estaba contento con interactuar con el resto de la familia adoptiva de Kalila, pero no lo podía evitar eran enemigos.
— Viaje al pasado, esa cosa me llevo al pasado, cuando Travos era un mago oscuro.
— Imposible, nadie puede viajar tan al pasado, mi padre Dante es el rey del tiempo y apenas puede retroceder un día, salvo Calixto que puede ir y venir, pero solo por un mínimo de tiempo y no lo controla aún. — Kalila sabía mucho de los hijos de la luna.
— No es imposible, porque yo también viaje al pasado. — dijo Ukara.
— Y yo. — se sumó Tahiel.
— Creo que lo mejor es que ingresemos a nuestro hogar, como ya lo dije, no estamos solos. — y dicho eso, un mechón de cabello de Ikigaí salió disparado a un lado, atrapando a un cuervo, que cuando estuvo frente a la mirada violeta de la quimera, se desvaneció en una niebla purpura. — Viatan. — murmuro Ikigaí, antes de ordenar con una mirada que todos ingresaran a la cabaña.