El nerviosismo en el rostro de Ikigaí era claro, más aún cuando luego de ingresar en su hogar este fue cubierto por un abola de fuego, creada por Nuriel, una medida de fuerza que no pasaba desapercibida para nadie.
— ¿Qué es lo que está sucediendo? — el nerviosismo de Kalila era claro, y Ukara fue a su lado, abrazándola desde la cintura, mientras Ikigaí y Nuriel, se encaraban en silencio en mitad de la sala.
— ¿Qué es lo que sabes quimera? — indago molesto Declan y el peli azul, que ahora ya no era pequeño, dejo salir un bufido.
— Es lo que trato de entender, por lo que será mejor que me cuenten que fue lo que sucedió.
— Eso es fácil. — soltó el vampiro. — Luego de que te fueras, una niebla espesa de color purpura se esparció por todo el lugar, algo que no nos dimos cuenta hasta luego de que saliera, ya que Tahiel olía a cazador, esa cosa purpura me llevo a nuestro bosque. — informo viendo a Kalila. — Pero no en este tiempo, sino mucho antes de que nuestro pueblo se estableciera, cuando Travos era un brujo oscuro, estaba haciendo un trato con un humano, no olía a cazador, sin embargo… — ahora, ya no estaba perdido en el tiempo, ni pensando como haría para regresar con sus amigos y Kalila, ahora estaba allí y su mente veía todo de forma diferente. — Travos lo engaño, el humano de apellido Bach estaba sediento de poder, y Travos se lo dio, pero no fue un trato justo, luego que el humano se marchara, Travos convirtió su pedido en una maldición, algo que no lo afectaría solo a ese humano, sino a todo su linaje, por siempre. — Kalila queria protestar ante aquellos dichos, pero la verdad era que no podía, pero si intentaría de explicar todo.
— No es que Travos fuese malo, aun en ese entonces, él solo estaba herido, los cazadores lo habían maldecido, él perdió su media alma, no una, fueron decenas de veces que vio morir a su media alma, entonces, solo lo hizo.
— ¿Qué fue lo que hizo? — Nuriel, poco o nada sabia de los hijos de la luna, pero al parecer ahora era de vital importancia empaparse de conocimiento.
— Travos entregó la media alma que le quedaba, hizo un pacto con un demonio, a cambio de tener el suficiente poder como para ser el brujo más poderoso sobre la faz de la tierra, solo Yunen lo pudo detener, Aysel le dio una media alma nueva y Nisha la completo, Travos ha pasado todos estos siglos tratando de revertir sus maldiciones. — la humana no mentía, su familia adoptiva había invertido mucho tiempo en explicar la importancia del amor, y todo lo que la perdida de este puede causar, en especial las malas decisiones.
— ¿Un demonio? — indago curioso Nuriel. — Es imposible.
— ¿Por qué? — Tahiel aún tenía frescos los recuerdos de lo vivido solo segundos antes.
— Ikigaí, explícale. — pidió de forma aburrida y quiso salir a vigilar el bosque, pero el peli azul lo detuvo.
— No puedo, es por eso por lo que no sentí nada de esto, un eclipse se está formando, y solo depende de ustedes que se termine de formar o que se disuelva, desde ahora, solo debo ser un observador. — los descendientes de la luna lo vieron con incredulidad y Nuriel bufo molesto.
— No puedes hablar en serio renacuajo, tu deber es con nuestro destino.
— Y lo sigue siendo, la protegeré, en lo que pueda, pero este es su camino, el de todos y mi lugar en él es solo observar, no puedo intervenir, lo siento mi lago. — la quimera en verdad se veía contrariada y un poco desesperada, pero Kalila solo le regalo una sonrisa, aun en los brazos de Ukara, los cuales de pronto se sentían muy cómodos.
— No te preocupes Iki, si este es nuestro destino, lo transitaremos bajo tu mirada.
— Eso es tan absurdo. — se quejó Tahiel. — ¿De qué sirve que él sepa la razón de ser de todos si no piensa intervenir?
— Porque si la quimera hiciera eso, la vida sería demasiado aburrida. — el olor a pimienta aumento en el ambiente y la humana se deshizo del agarre del brujo, para sentarse en las piernas de Tahiel, quien se había dejado caer en un sofá.
— Kiriko. — dijo el hombre lobo y la humana sonrió.
— La misma, y al igual que Kalila apoyo la decisión de la quimera, es más emocionante el tratar de saber por nuestra cuenta que es lo que sucede. — se la veía feliz, como si solo minutos antes no hubiese estado a punto de desmayarse de los nervios.
— Claro, para ti todo es divertido, siempre y cuando Kalila se meta en problemas. — reprocho el vampiro y Kiriko lo vio con una ceja en alto.
— Declan. — al vampiro la piel se le erizo por solo escucharlo decir su nombre. — No finjas, sé que te encanta ver a la humana en problemas, después de todo… sueñas con ser su héroe. — al vampiro no le quedo más que guardar silencio, no solo porque Kiriko decía la verdad, también fue el hecho de que Nuriel estaba envuelto en fuego.
— ¿Podrías regresarle el control a mi destino? — pidió de mala gana y Kiriko sonrió, al saber que los celos literalmente estaban quemando al fénix.
— No, no puedo. — rebatió con altanería y Nuriel apretó los puños. — Fue Kalila la que pidió mi ayuda, dice que yo se mas del pasado, ya saben, todas esas veces que me asesinaron y regrese. — dijo como si nada, pero todos pudieron ver cuánto le afectaba aquello y Declan al fin lo comprendió.
— Tu no quieres que intervenga la quimera, porque… quieres vivir, quieres saber cómo seria… ser normal. — Kiriko solo giro su rostro, de manera petulante, pero nuevamente todos se dieron cuenta que estaban en lo correcto, lo mejor de todo, era que estaban descubriendo un lado de la cazadora, que nadie creía que tuviera.
— Morías joven, siempre. — murmuro Ukara, recordando lo que vio en su viaje al pasado. — la última vez, al menos fuiste a la universidad, eso dijo Kazumi. — Los ojos de la humana se empañaron, pero luego de un segundo aclaro su garganta, intentando hablar como si nada le importara.
— Fue divertido, un buen tiempo, creí que esta vez sería igual, Kalila queria ir a la universidad, pero al parecer, en esta vida, otro es mi destino, creo que nunca llegare a los 25 años, morir joven es dejar un buen cuerpo para ser recordado. — queria hacer humor con su pena, pero solo consiguió que las llamas de Fénix desaparecieran, y que el pelirrojo la viera con pena, él, Nuriel, el primero, el más antiguo, el que incluso se había aburrido de vivir tanto, ahora comprendía que no todos tenían ni siquiera el privilegio de vivir una vida.
— ¿Cómo sabes lo que Kazumi dijo? — preguntó Nuriel, interesándose por el lado cazador de Kalila por primera vez e Ikigaí podía ver como el eclipse continuaba formándose.
— Lo vi, a diferencia de Declan, cuando la niebla me llevo, aparecí en el bosque de la luna cambiante Aysel, Kazumi la había secuestrado.
— Sí, creo que recuerdo algo de eso. — dijo Kiriko, como si tratara de evitar algo. — Fue muy divertido acabar con todos esos brujos, dejar casi muerto a Anuk… — cada palabra estaba cargada de desdén, pero Ukara no pensaba quedar en silencio, no pensaba dejar que continuara fingiendo ser algo que no era.
— No fue así y lo sabes, deja de fingir que disfrutas siendo lo que todos creen, porque todo eso jamás fue tu decisión, siempre fue la de tu padre, la correa que maneja al cazador. — Kiriko queria regresar al subconsciente de Kalila, no soportaba la presión con la que todos la veían, la lastima en sus ojos, le quemaba la piel, pero la humana no queria tomar el control de la situación, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para enfrentar a la cazadora con la verdad, con su inocencia.
— No sé de qué hablas…
— Me pediste que te matara. — la voz de Ukara estaba cargada de amargura, y ahora todos lo veían a él. — Dijiste que al menos habías ido a la universidad, que esa vida no fue tan mala, pero que no debías existir, tu no querías lastimar a Aysel, mucho menos a las demás, incluso cuando tu padre ordeno asesinar a los brujos, tú me seguiste ocultando de la vista de todos, y solo te alejaste… escapabas de los gritos de los brujos que fueron asesinados por los demás. — las manos de Kiriko temblaban, mientras su mente recordaba memorias de su alma condenada. — Yo estuve allí hasta el final, me pediste matar a tu madre porque era la debilidad de tu padre, y una vez que él murió… tu podías ser libre, ¡tenías el poder de detener a Anuk y explicarle todo! — la verdad caía sobre Ukara, la cazadora que no era tal, sino una pobre mártir. — ¡¿Por qué no lo detuviste?! — podía ver a Kiriko en el cuerpo de Kalila, sabía que estaba bien, viva, al menos ahora, pero eso no quitaba el dolor que padeció al morir en las fauces de Anuk.
— Porque no lo merecía. — respondió con voz suave y ojos desbordando lágrimas. — Porque te ayude a matar a mis padres, porque no puedo escoger entre mi corazón y alma, porque necesito a ambas para vivir, porque la única forma de que todos estén a salvo es que yo no exista.