Lo que decía Declan tenía sentido, salvo por una cosa, el lobo de Tahiel deseaba el alma de la cazadora, aun sabiendo que era Kiriko, mientras el humano, no podía negar que Kalila despertaba muchas cosas en él.
Al cabo de unas horas, el lobo decidió hacer su recorrido habitual, necesitaba pensar y con sus amigos cerca no podía, no sabía cómo explicar que cada vez que se nombraba a Kalila él gruñera de forma involuntaria, definitivamente su lobo se saldría de control y ahora estaba aún más ansioso que antes, pues en el pasado, al menos tenía a su padre o incluso los lideres para que sometieran a su lobo si este desidia ignorar la voluntad de su lado humano, pero ahora… ni Declan, y mucho menos Ukara podrían ayudarlo, si perdía el control, sabía que atacaría a todos, sin importar nada, solo la voz de un Alpha lo podría someter.
— Diosa Luna, ¿acaso mi lobo también esta maldito? — se lamentó viendo al cielo, que poco a poco comenzaba a oscurecer y en él la luna se dejaba ver. — Sé que lo que hice fue atroz… — la risa de una mujer no fue lo que lo hizo silenciar, fue el aroma de esta. — Cazadora. — dijo con la voz distorsionada y giro sobre sus talones para ver aparecer a Kalila o al menos su cuerpo entre los helechos del bosque.
— ¿En verdad fue atroz lo que hicieron? — pregunto como si realmente no supiera lo sucedido con Kalila y los descendientes de la luna.
— Será mejor que regreses con tus destinados o arrancare tu cabeza. — trataba de convencerse más a él que a la joven, pues con cada paso que Kalila daba en su dirección, el calor comenzaba a extenderse desde su pecho, a todo su cuerpo.
— Tu no harías eso… no puedes. — más que una cazadora parecía una bruja, pues mientras Tahiel estaba clavado al suelo boscoso, Kalila se había acercado a él como un espectro y ahora susurraba en su oído, provocando que el lobo ronroneara. — Te escucho lobo. — confeso dejando un pequeño mordisco en la oreja de Tahiel quien giro de forma brusca y sujeto su cara con una sola de sus manos, apretándola con más fuerza de la necesaria.
— No te he llamado… — queria maldecirla, deseaba odiarla, aunque la verdad era que nunca había tenido ese sentimiento por la humana.
— Tu no, tu lobo si, aunque tú también deseas a Kalila. — Tahiel opto por liberar el rostro de la joven al notar que su mano era una garra, no queria lastimarla, sea Kiriko o Kalila… simplemente no podía.
— Largo cazadora. — estaba entrando en fase, sentía su cuerpo crecer, sus uñas alargarse, y sus colmillos asomarse.
— No, no me iré, hasta que consiga lo que quiero. — advirtió la pelinegra pasando su mano por el amplio pecho de Tahiel, quien se agito como si fuera un hierro al rojo vivo lo que lo tocara y no la mano de una joven humana.
— ¿Y qué es lo que quieres? — preguntó golpeando la mano de Kalila, para que dejara de tocarlo, no lo soportaba, nunca había sentido tanto calor en toda su vida.
— A ti… dentro de mí.
Kalila estaba nuevamente encerrada en la oscuridad de la inconciencia, o mejor dicho su subconsciente, pero ahora al menos sabía que no era un sueño o mejor dicho una pesadilla, por lo que Ikigaí le había explicado, cuando sintiera aquello, solo significaba una cosa, Kiriko había tomado su cuerpo, por lo que solo tenía dos opciones, quedarse allí y solo esperar a que algo sucediera para que Kiriko le regresara su conciencia, o luchar por ella, y aunque no sabía cómo hacer aquello, lo intentaría, no se arriesgaría a que el alma de la cazadora matase a todos los que amaba, sus padres, su familia, y muy pronto su hermano, no, no pensaba solo esperar a quedar sola cargando con la culpa de haber matado a quienes amaba.
El subconsciente era raro, lo primero que vio fue… nada, solo oscuridad, era tenebroso, pero a medida que caminaba, si, caminaba en su misma mente, comenzó a ver cosas, cosas que siempre estuvieron allí, pero que ella misma se encargó de encerrar en lo más profundo de su ser.
— ¡Tu no tendrás cachorros!
Lo primero que llego fue la voz furiosa de Declan, para luego ver al pequeño vampiro, al menos de niño.
— Eres muy bonita Lila. — Ukara apareció junto al recuerdo de cuando iban al kínder juntos. — Pero no le digas a Declan que te lo dije, o me golpeara.
Sonrió con melancolía, recordando las veces que Ukara hablo con ella, aunque siempre fue a escondidas, un gruñido la asusto y cuando volteo se encontró a Tahiel.
— ¿Por qué siempre me gruñes?
Se vio como una niña pequeña, aun así, Tahiel le sacaba una cabeza.
— No lo sé, es mi lobo, se siente raro cuando tu estas cerca… porque eres una cazadora.
Esa respuesta le dolió, pero entonces escucho algo más.
— No era por eso.
La voz ronca, se escuchó casi como un eco, y por más que miro a todos lados, no pudo encontrar al dueño.
— ¿Quién eres? — pregunto dudativa, pues quizás era un truco de Kiriko, para no ceder el control.
— Soy Neuhen, el lobo de Tahiel. — sintió algo peludo rozar su mano, y fue cuando volteo, que lo vio, definitivamente ese era el lobo de Tahiel.
— No puede ser. — su madre le había contado que solo la pareja de un lobo puede ver el alma de este en su mente, igual que escuchar sus pensamientos cuando el humano le sede el control al animal de su interior. — Yo no puedo verte…
— Puedes Kalila, lamento lo que te hicimos pasar, pero no me arrepiento… yo me enamore de Kiriko aquel día.
— ¿Qué día? ¿de qué hablas?
— En el parque, cuando éramos solo niños jugando, cuando despertaste a la cazadora…
— No, fue sin querer…
— Lo sé, pero aun así… me enamore, aun en contra de los deseos de nuestra Diosa.
— Kiriko es mala, ella quiere matar a todos…
— Ella es un alma condenada Kalila, como Tahiel.
— ¿Tahiel?
— El humano te ama, solo que es muy estúpido como para verlo.
— No.
Se negaba a creer aquello, queria seguir discutiendo con aquel animal que lo más probable fuera un engaño de Kiriko, pero entonces sintió calor en sus labios, y un pinchazo en su corazón.
— Tahiel. — susurro casi con espanto al ver al moreno sobre ella, al fin había recuperado su cuerpo y se encontró con que el moreno la estaba besando, y por suerte o desgracia, no era un sueño, ni mucho menos algo que ella guardara en su subconsciente.
— Kalila, yo… Lo siento. — dijo de forma torpe al tiempo que se ponía de pie. — Creo que la cazadora… o mi lobo… no sé qué sucedió, yo…no sé lo que me pasa contigo. — podía ver la confusión en los ojos cafés del moreno y estaba segura de que era la misma mirada que ella tenía, dando un largo suspiro, decidió que era tiempo de hablar, quizás por primera vez.
—Yo tampoco comprendo mucho lo que me sucede, se supone que nunca debía despertar mi lado cazador, y sin embargo sucedió. — Tahiel había comenzado a caminar, se podría decir que estaba escapando de ella, y Kalila, solo lo seguía.
— Lo sé, nosotros lo provocamos, te matamos ¿verdad? — una risa rota y casi desesperada apareció en el rostro del moreno, dolía como Kalila nunca creyó el verlo así. — Realmente mate a… una inocente. — admitió con voz aguda, y el corazón de Kalila se oprimió.
— No fue por ello por lo que Kiriko despertó. — no debería tratar de confortarlo, pero allí estaba ella, quizás era masoquista, ¿por qué solo no los exterminaba? a, sí, ella no queria matar a nadie ¿verdad? era solo eso, o al menos eso queria creer. — Yo… la desperté el día que luché con Declan en el parque. — confeso en un pequeño susurro bajando su cabeza y esperando quizás los insultos de Tahiel.
— Ese día olías a pimienta más que nunca. — recordó con voz quedada el moreno. — Aun así, no estornude, y… — Kalila clavo sus ojos bicolor en él, y Tahiel casi pierde el habla. — Te percibo diferente desde entonces.
— ¿De forma mala o buena? — se atrevió a preguntar, la noche había caído, y la luna le concedía un aire de misterio al joven frente a ella, era… cautivante.
— Demasiado buena como para tu bien o el mío. — se giró con ganas de correr lejos de esa pelinegra que dentro de poco lo enloquecería, pero entonces Lila tomo su muñeca.
— ¿Por qué? — no solo su muñeca se calentó, todo el brazo del joven lo hizo, ¿acaso ardería de la misma forma que lo había hecho el Fénix la noche anterior? — ¿Por qué puedo hablar con tu lobo? — Tahiel se liberó del agarre y la vio casi con espanto.
— Imposible…
— Neuhen. — pronuncio Kalila y Tahiel se sacudió, casi a punto de convulsionar, su lobo arañaba por tomar su cuerpo.
— No es posible, tú no eres mi compañera, tu…
— Es el nombre de tu lobo, Neuhen. — y cuando Lila lo repitió, el lobo al fin se liberó, dejando al humano en la misma jaula en la que Kalila había estado. — Yo no puedo ser tu compañera, tu tenías una y… — un gruñido la silencio, al tiempo que tragaba grueso, entonces lo escucho.
— Déjame hablar con ella, por favor. — el eco en su cabeza no era la voz de Tahiel, sino de su lobo, Kalila la reconoció.
— No es seguro dejar salir a Kiriko, tampoco sé cómo hacerlo… — estaba tan confusa, ella realmente estaba enloqueciendo, ¿Por qué se preocupaba por ellos? ¿Por qué estaba pensando en cederle el poder de su cuerpo a Kiriko?
— Solo cierra tus ojos, respira y llámala, ella no es mala. — el lobo frente a Kalila gimoteaba, pero ella podía escuchar claramente su pedido, en su cabeza.
— Ella es una cazadora, ella es…
— ¿Mala? Kalila, tú puedes cambiar eso, todos podemos, por favor. — Kalila respiro con profundidad, tenía miedo, no por ella, sino por los demás.
— Si ella quiere lastimarte, júrame que la atacaras, sin importar que mi cuerpo resulte herido.
— Ella no lo hará…
— Júralo Neuhen. — era un voto de confianza, Tahiel podía observar todo y no comprendía ¿Cómo era posible que Kalila pudiera comunicarse con su lobo? Incluso mejor que él, que solo sabía su nombre y nada más.
— Lo juro.
Kalila respiro, cerro sus ojos y aunque el miedo la recorría, llamo a Kiriko, quien como una nube que todo cubre, envió a Kalila al subconsciente y tomo su lugar.
— Entonces tu eres Neuhen. — murmuro la cazadora, sin embargo, no se movió de su lugar.
— Y tú eres Kiriko. — rebatió el lobo, feliz de al fin poder ser él quien hablara con la cazadora, o al menos sus almas lo hacían, ya que ambos estaban inmóviles, viéndose a los ojos, ella sin pronunciar palabra y el sin emitir sonido alguno.
— Eres grande, te vez feroz. — el animal noto cierta diversión en la voz de la joven, aunque también vio su miedo cuando avanzo hasta que su hocico acaricio su rostro.
— Y tú te vez muy hermosa. — Kiriko sintió el aliento del lobo acariciar su oreja, mientras sus palabras resonaban en su cabeza.
— Sabes… podría matarte con solo un movimiento de mi mano. — aseguro ahora si, en voz alta, pero la forma en la que estaba metiendo sus manos en el pelaje del lobo, más parecía que lo estaba acariciando en lugar de atacarlo.
— ¿En verdad? ¿podrías? — indago al tiempo que ronroneaba, provocando que la mano de Kiriko temblara ante la vibración que sentía.
— Estoy segura… lo hare más adelante. — Kalila vio con asombro como Kiriko recostaba su cabeza a un lado del peludo cuerpo, estaba disfrutando el contacto con el lobo.
— Entonces esperare ese día, por ahora… ¿quieres dar una vuelta? — Kalila rio con emoción, por solo ver la forma en la que un lobo coqueteaba, pero su sonrisa se apagó en el momento que alguien toco su hombro.
— Que mierda. — dijo al voltearse y ver a Tahiel en su mente.
— Lo mismo digo, esto no es normal. — aseguro el hombre. Pero entonces el lobo aulló, Kalila desapareció y Tahiel tomo su forma humana solo para ver el cuerpo de la cazadora tendido en el suelo boscoso.
— Mierda, y ahora que.