Kalila despertó gracias al sofocante calor que el cuerpo de Nuriel libera, aun en la inconciencia el fénix era fuego, era pasión y, Lila, como Iki le decía, se preguntó si algún día se podria cansar del sexo, no lo creía, pero ahora no deseaba el calor de Nuriel, sino la calma y frescura de Ikigaí, por lo que de forma casi descarada salió del cuarto, media desnuda, apenas con una bata de gasa trasparente que Iki le había hecho, su intención era acudir al cuarto de la quimera, se le antojaba meterse bajo esa pequeña cascada que la quimera había creado en la pared de su cuarto, pero grande fue su sorpresa, cuando al cerrar la puerta de la habitación de Nuriel, choco con Declan, el vampiro, más que parecer tal, se asemejaba a una estatua, estaba de piedra y sus ojos clavados en los pezones rosado de la pelinegra le dejaban en claro el motivo de su aturdimiento.
— Buen día, para ti también Declan. — ¿se estaba burlando? Si, lo estaba haciendo y por un segundo el vampiro creyó que la cazadora había tomado el cuerpo de Kalila una vez más, pero no fue el caso, sus ojos bicolores se lo dejaba en claro.
— Después de una gran follada seguro que son buenos. — casi gruño su respuesta, y de inmediato se arrepintió ¿Por qué no podía ser como Tahiel y Ukara? ¿por qué no podía controlar su malestar al ver a la mujer que amaba estar con otros… que no eran él?
— Te diría que no, pero sería mentir. — la respuesta aun divertida de Kalila lo tomo con la guardia baja, aunque no fue tanto como cuando la joven se acercó a su oído para susurrarle. — No te das una idea lo desestresante que puede ser el follar toda una noche.
De piedra, así lo dejo a mitad del pasillo y en todo sentido, pues Declan bajo al comedor con una enorme erección de la cual sus amigos se dieron cuenta.
— Seguro y te cruzaste a Kalila. — soltó Tahiel y Declan lo vio mal, por supuesto.
— ¿Qué te hace pensar eso? — rebatió tomando un vaso y sirviéndose sangre de tigre.
— ¿Además de tu erección? el aroma a satisfacción s****l que cargas a un lado de tu cuerpo, deduzco que mi compañera salió de su cuarto y choco contigo. — Declan casi se atraganta con la sangre y no era el único Ukara por poco y se ahoga.
— Por la diosa, deja de decir eso tan libremente, ella aun no lo sabe. — Ukara, el brujo más tranquilo que había sobre la faz de la tierra o al menos eso aparentaba, aunque Tahiel olfateo el aire en su dirección y dejo ver una sonrisa socarrona.
— A ti lo que te molesta son los celos, porque yo estoy en su corazón… — comenzó a decir el lobo, como un niño pequeño que presume de lo que su madre le ha obsequiado.
— Corrección, en el corazón de Kiriko.
Su discusión sin sentido, finalizo en cuanto la pelinegra llego al comedor, seguida por Ikigaí como siempre.
— ¿Nuriel aun no baja? — indago viendo a Ukara y Tahiel gruño.
— Buenos días, Kalila. — dijo a modo de reclamo, el lobo.
— Oh, lo siento, pero es que cuando pienso en mi destino se me olvida casi todo, buenos días, ¿Nuriel aun no baja? — los tres hijos de la luna se vieron con una ceja en alto, pero decidieron dejar pasar la falta de interés de Kalila por ellos.
— No, creo que lo dejaste agotado. — y nuevamente Declan queria golpearse, pero es que era inevitable, que los celos en forma de reclamo no se dejaran ver.
— No te preocupes mi lago de vida, como ya te expliqué, nosotros no nos agotamos con facilidad, creo que el fénix solo está durmiendo con tranquilidad luego de tanto tiempo de no hacerlo. — acoto Ikigaí, mientras recibía el desayuno que Ukara había preparado para Kalila, una dieta muy nutritiva y balanceada, que ahora la quimera dejaba frente a ella.
— ¿Como que durmiendo? — consulto curiosa y poco a poco todos se sentaron en la gran mesa.
— Los hijos del sol somos diferentes a los seres que ya conoces mi bella Lila. — explico con calma el peli azul, disfrutando de ver a su destino alimentarse apropiadamente. — Nuriel al ser un guerrero, paso toda su existencia vigilando, cualquier cosa que a sus ojos le fuera raro o desconocido, quizás matando el tiempo, tal vez buscándote. — dijo elevando sus hombros, como restando importancia. — El fénix no ha dormido propiamente dicho desde que fue creado, es por ello que cada cierto tiempo, su fuego se consume, es como si pereciera, pero luego de unos días renacía de sus cenizas, ahora que al fin encontró a su destino, su fuego no se consumirá, no mientras tu existas, solo dormirá para recuperarse, pero ya no dejara de existir, hasta que tú lo hagas, eres su fuego eterno, mientras tu vivas, Nuriel vivirá, y eso será por siempre, porque así como tú nos alimentas, nosotros te brindamos la eternidad, cada vez que nuestros cuerpos comparten su néctar. — Ukara se congelo con el cubierto a mitad de camino, mientras que a Tahiel un pequeño gimoteo se le escapó de los labios y Declan… solo se mantuvo controlando su mascara de poco interés.
— Eso es… — un nudo se instaló en su garganta, por muy descabellado que pareciera, Kalila solo podía pensar que los descendientes de la luna no eran inmortales, solo poseía una muy larga longevidad, pero, aun así, en lugar de pensar en su madre y padres, Kalila, solo podía pensar que Declan, Tahiel y Ukara, un día dejarían de existir, y ella continuaría, hasta que llegara el día que solo ella los recordaría.
— No debes estar triste. — dijo de pronto Declan, podía ser que él de todos, era el único que aún no estaba conectado con Kalila o Kiriko, pero el dolor en el rostro de la joven cazadora era tan claro, que era imposible no distinguirlo. — Cada ser tiene un ciclo, que llegado a su fin…
— ¿Estas triste porque piensas que un día no veras a quienes amas? — Ikigaí no diría que ya se había percatado que el dolor de Kalila era por esos tres que estaban en su cocina, solo lanzo aquello, como si estuvieran hablando de sus padres, aunque no fueran nombrados.
— Si. — murmuro sujetando su taza de chocolate con fuerza y viendo por un fugaz segundo a Ukara, y este al percatarse de su acción no pudo evitar que una leve, pero cálida briza recorriese la cocina.
— Ellos tampoco perecerán, todos aquellos que estén vinculados a ti, compartirán tu destino, todos estamos en el mismo camino. — dijo con seriedad la quimera para todos los presentes, dejando en claro que, si uno fallaba, todos pagarían el precio.
— ¿Y tú? — indago Kalila no solo para sacarse la mirada de todos de encima, también era curiosidad. — ¿dormías? — aclaró, ya que Ikigaí solo la vio con curiosidad.
— Yo… dormí por mil años, mi bello lago, creo que es más que suficiente mi descanso, es por eso por lo que ahora no lo hago. — el rostro de Kalila se cubrió de asombro y no fue el único.
—Eso es mucho tiempo. — dijo sorprendida Kalila, e Iki solo sonrió.
— Sí que eres holgazán. — murmuro divertido Tahiel e Ikigaí… solo vio a otro lado con tristeza.
— Me disculpo, pero uno de los árboles más viejos de mi bosque está a punto de caer, debo agradecer todo el tiempo que me acompaño. — y dicho eso, el peli azul se marchó, dejando a todos en silencio, pues todos habían distinguido su rostro triste.
— Eso sí que es raro. — murmuró Tahiel, pues desde que lo habían conocido, jamás habían visto esa expresión en el rostro de la quimera.
— Iki esta triste. — susurro lo obvio Kalila, llevando su mano al pecho, donde de pronto sentía una pesadez.
— Ikigaí no es un hijo directo del dios sol. — la voz de Nuriel era profunda, y un poco intimidante al despertar, tanto como su altura.
— Buen día, Nuriel. — Kalila sonreía y todos lo hacían, aun de forma inconsciente.
— Buen día, mi fuego eterno. — Nuriel tomo sus labios, como el fuego se prendería de una rama seca, la estaba consumiendo al completo y a los demás solo les quedo aguantarse, pues solo la libero al sentirse casi saciado, aunque claro que nunca lo estaría.
— ¿Entonces es como un pariente lejano? — indago Ukara, no solo para saciar su curiosidad, también queria asegurarse que el fénix no tomara a Kalila frente a ellos una vez más.
— Ikigaí es hijo de Náyade, la primer hada que mi padre sol creo y de Galadriel el primer Elfo, ambos se ocupan de la naturaleza, un trabajo al que estan avocados, sin embargo, siempre cargan a sus hijos, pero ese no fue el caso de Ikigaí. — cierto sentimiento de pena se vio reflejado en la voz de Nuriel, y todos guardaban silencio, queriendo saber mas de un ser, tan mágico y único, como el mismo Fénix. — Desde el momento en que Ikigaí nació, su poder divino fue evidente, y sus padres no lo soportaron, la envidia y el amor se mezclaban, hasta ese entonces, el hada era la encargada del agua, y el elfo de los bosques, por lo que se sintieron desplazados, pero aun así no podían asesinarlo, pues era su hijo y en un acto de egoísmo o sacrificio, decidieron dejarlo.
— ¡¿Qué?! ¿a qué te refieres con dejarlo? — Kalila veía a un bebé de cabello azul, tan pequeño y blanquecino, tan efímero como un suspiro y su corazón temblaba.
— A eso mismo que piensas mi bello destino, dejaron a la quimera solo en el bosque, en este mismo bosque, donde para no perecer, dejo que su ser se revelara, dos cabezas surgieron, dejando en claro la batalla del bien y el mal, uno no vive sin el otro y con los años Ikigaí lo comprendió, pues si sus padres hubiesen sido tan egoístas como para asesinarlo, nadie sabría su razón de ser, y si hubiesen sido tan buenos, como para cargar con él, se hubiesen sentido opacados, hubiesen perdido el interés en su deber y el caos reinaría, pues Ikigaí es muy bueno en lo que hace, pero su deber no radica solo en cuidar este bosque, Ikigaí guía a todos, aunque no se den cuenta, bueno, algunos como los cazadores si lo saben, por eso lo veneran.
— Pero él dijo que tiene más de mil años. — el asombro y la tristeza se mezclaban en el ser de Kalila, así como el dragón y el tigre convivían en Ikigaí.
— Sí, ese es el motivo por el que la soledad, poco a poco lo fue afectando, el ver nacer y morir a todos, plantas, animales, incluso saber cuándo sucedería y la razón de ello, pues Ikigaí es eso, la razón de ser… ya no lo soportaba y decidió dormir, en los glaciales, hasta que te escucho, tu voz le calentó tanto su corazón que el agua de deshielo lo hizo surgir, porque al fin ya no estaría solo. — Kalila tenía sus ojos húmedos, mientras los demás sentían la soledad de la quimera como propia.
— Ahora comprendo porque quiere hijos. — dijo de pronto Kalila y al fénix le brillaron los ojos.
— Bueno, yo te puedo ayudar en darle el gusto. — aseguro sonriendo y Ukara bufo.
— ¿No se sentirá mal la quimera si en lugar de quimeritas, nacen pequeñas aves de fuego? — las mejillas de Kalila enrojecieron, aun así, no dijo nada, solo vio con interés a Nuriel, esperando una respuesta.
— Créeme que Ikigaí estaría feliz incluso que nacieran brujos, lobos y vampiros, después de todo, ellos tendrán la esencia de Kalila.
— ¿Y eso como por qué? — Kalila queria preguntar porque Nuriel decía tal cosa, pero el gruñido de Tahiel la silencio.
— Huelo a cazador y no es el padre de Kalila.
Al parecer, no iba a ser un buen día después de todo, se dijo Kalila.