Tahiel sintió la mirada de Kiriko, y como acto reflejo dejo de ver el bosque para observar a la cazadora, su tristeza y molestia lo sorprendió, jamás había visto esa mirada en ella, al menos desde que habían llegado al bosque de la quimera, mejor aún, Kiriko se había mostrado desdeñosa y altanera hasta ese momento, por lo que el lobo se puso en alerta y no era el único.
— Kiriko. — la voz de Asher, les dejó en claro quien o quienes eran los intrusos, ya que tras él dos cazadores más aparecieron.
— Padre. — la voz de Kiriko, su postura, y la forma en la que hizo una reverencia, todo ella gritaba que no había afecto familiar en su ser o acciones, si no más bien un mero respeto.
— Kiriko. — la llamo una vez más Asher, con un poco de pena en la voz e Ikigaí intercambio miradas con Nuriel.
— Lo soy padre, en este momento soy Kiriko. — aseguro viendo a su padre, pero manteniendo la distancia y Ukara vio lo que sucedía, no había cariño, no como el que Kalila le había demostrado días antes a ese cazador.
— Sus ojos. — advirtió uno de los cazadores que acompañaba a Asher.
— En verdad es el regalo de la niebla. — afirmo Aser, con voz plana, como si aquello dejara de gustarle.
— Al fin has despertado. — la voz de la cazadora a la cual Ikigaí había marcado su cuello, llamo la atención de Kiriko. — Ahora cumple con tu deber, mata a estos seres, y comienza tu trabajo, ese para el que fuiste creada. — los ojos de Kiriko se endurecieron, su entrecejo se frunció y sus manos se cerraron en puños.
— Para lo que fui creada. — susurro entre la furia y el dolor, aunque de lo último, solo los seres mágicos se percataron de ello. — ¿Te crees mi dueña? — indago dando un paso al frente.
— No, pero eres de los nuestros… — trato de defenderse la mujer al ver el rostro molesto de Asher.
— Si es así, ¿por qué tu intención es asesinarme? — Asher volteo con violencia a ver a su mano derecha, mientras esta palidecía.
— Eso no es…
— Si soy una de ustedes, ¿Por qué me ordenas como si fuese tu subordinada?
— No, no quise decir eso, pero es para lo que fuiste concebida. — su respuesta llevo a Kiriko a ver a Asher por un segundo, mientras una sonrisa triste decoraba su rostro.
— Fui creada para destruir lo que no debería existir. — aclaro la joven. — Fénix. — Nuriel dio un paso al frente, si su compañera lo asesinaba, no le importaba, en todo caso, ese sería su destino y lo cumpliría, nada lo preparo para la orden que recibió. — Encárgate de ella. — su pedido no solo causo el asombro en los cazadores, el sentimiento fue el mismo para los hijos de la luna.
— Siempre es un placer complacerte en lo que necesites, seas Kiriko o Kalila. — aseguro sonriendo el enorme hombre, y solo cuando se cubrió en llamas, fue que los cazadores dieron un paso atrás.
— Kiriko. — la llamo su padre, pero Nuriel no desperdiciaría su oportunidad e hizo lo que la cazadora le pidió, su cabello trenzado se elevó ante el mismo fuego que de su cuerpo salía, como si fuese la cola de un pavo real y quisiera atraer la atención de su compañera, mientras su mano se elevó también envuelta en llamas y en lo que Declan tardaba en respirar, Nuriel salto, para romper el cuello de la mujer que no tuvo ni tiempo a gritar. — ¡Kiriko! — grito con enfado Asher, y la joven lo vio… con pena.
— Nuriel. — solo cuando el nombre del fénix fue dicho, todos descubrieron que Kiriko le había cedido su cuerpo a Kalila o se lo había regresado, mejor dicho. — Esto… — sus ojos bicolores, se humedecieron, por solo ver a la mujer tendida en el suelo boscoso, con su cabeza aun pegada a su cuerpo, pero en una pose nada natural.
— ¡¿Cómo te atreves a matar a uno de los nuestros?! — refuto molesto el otro cazador, y sin esperar orden alguna de Asher, tomo en brazos a la cazadora y comenzó su regreso a la ciudad.
— Kalila. — la llamo consternado Asher, y era la primera vez que, hacia esa distinción, pues aun siendo humano, al fin conocía las dos caras de su hija. — No debes asesinar a los nuestros. — explico, como quien le enseña a un niño a no jugar con fuego.
— ¿No es para lo que me creaste padre? — Ukara cayó de rodillas, sin poder evitarlo, pues Kalila estaba llorando, y la joven se obligó a voltear, no queria ver a Ukara postrado por ella, porque ahora no lo merecía, ella era una asesina, aunque no fuesen sus manos las que acabaron con esa mujer, ella lo había ordenado. — No soy el regalo de la niebla. — dijo limpiando sus lágrimas, para poder enfrentar a su padre viéndolo a la cara. — Tampoco soy la más querida, solo soy un error en la vida de la luna cambiante, solo soy un arma para ti, soy algo que no debería existir.
Asher estaba tan aturdido por todo lo que había sucedido, que no podía hablar o moverse, ¿Cómo resulto todo así? No lo comprendía, pues había acudido al bosque aun rompiendo la promesa que le había hecho a Ikigaí, y todo fue porque había sentido el poder de la niebla, incluso a la distancia, pero todo resulto así, ahora tenia a una cazadora muerta y lo más probable fuera que su gente comenzara a presionar, e indagar de en qué lado esta Kalila o Kiriko. Aun así, no deseaba ver la pena en el rostro de su hija, porque, pudiera que él mediante una invocación, invito al alma de la niebla a habitar el cuerpo de su hija, pero… seguía siendo su hija, misma que ahora desaparecía en el interior de lo que en lugar de cabaña, parecía ser un templo.
— Kalila. — intento llamarla saliendo de su estupor, y dando un paso al frente, pero se encontró con Declan y sus ojos rojos.
— Largo. — siseo el vampiro, deseando arrancar la cabeza de ese hombre, pero sin poder hacerlo, no por no tener la fuerza o por requerir permiso alguno, todo se reducía a Kalila, juro no volver a herirla de ninguna manera y lo cumpliría o moriría en el intento.
— Necesito hablar con mi hija…
— ¿Tu hija? O con el alma que vive dentro de ella. — Tahiel gruño aquello y Asher comenzaba a preguntarse cómo era posible que los hijos del sol y los descendientes de la luna coexistieran.
— Eso no te interesa. — rebatió con terquedad, dando un paso al frente y ahora fue el turno de Ikigaí de cortar su avance.
— ¿No interesa? ¿cuánto amas a tu hija? Porque créeme que ella te ama lo suficiente como para que aun continues respirando, ya que todos te queremos muerto. — el violeta en sus ojos no fue lo que lo dejo sin habla a Asher, sino fue ver como su piel cambiaba y se cubría de escamas, Ikigaí estaba a punto de convertirse en una quimera.
— Habla por ti, porque si no desaparece ahora mismo, lo asesinare, por más que Kalila lo quiera, con los años lo olvidara, le enseñare a mi compañera a ser fuerte.
— ¿Tu qué? No puede ser. — no era el saber que la joven tenía dos compañeros, lo que desequilibro a Asher, fue el saber que su hija tenia de compañeros a dos de los seres más únicos y poderosos del mundo, Kalila era invencible, si así lo quisiera, no solo podía deshacerse de los descendientes de la luna, también podía acabar con la vida en el planeta si así lo quisiera.
— Kalila es más fuerte de lo que crees Nuriel. — era la primera vez en mucho tiempo, que Declan pronunciaba el nombre de su tormento. — Solo espera y ya verás de lo que es capaz de hacer. — Asher aún se creía con derecho a decir algo, o, mejor dicho, preguntar, necesitaba saber qué relación guardaba ese vampiro y el lobo con su hija, pero entonces Declan lo hechizo. — Ahora vete con tu gente. — ordeno con voz profunda, y a Nuriel no le quedo más que mostrar una mueca de sorpresa al ver como Asher daba media vuelta y desaparecía de su presencia.
— Lila está llorando. — aseguro Ukara, aunque la joven estaba dentro de su hogar y ellos fuera.
— ¿Cómo lo sabes? — indago celoso el lobo.
— La siento, duele demasiado. —a seguro el brujo y llevó una mano a su corazón.
— Kalila se vinculó a ti, sentir su pena, es tu condena, ganar su amor, un privilegio que me gustaría que nunca consiguieras. — las palabras de Ikigaí lo hicieron pegar un brinco y no solo al brujo. — Pero es algo necesario, el alma de Kiriko esta condenada, y solo con la ayuda de ustedes tres, podrá salvarse o todos moriremos. — aseguro la quimera, teniendo la atención de todos.
— ¿A qué te refieres?
— He tratado de decírselos, pero su cobardía los hace huir de nosotros, el amor, todo se reduce al amor, se los explicare, asique presten atención…