— Basta, ¿Qué van a hacer? — dijo Kalila casi sin aire.
— Hazte a un lado Lila. — pidió Yunuen y los truenos aparecieron en el cielo.
— ¡No le órdenes a mi destino! — el cabello de Ikigaí brillaba como llamas azules al tiempo que se elevaba como lanzas dispuesto a atacar a la más mínima provocación.
— Basta, detengan esto, no pueden lastimarse, ¡no lo hagan! — Kalila estaba tan nerviosa que su instinto de cazadora se activó, vio el punto débil de Yunuen, y no lo podía creer, ella era hija de la diosa luna, no debería tener punto débil, pero lo tenía y ella lo veía, giro tratando de olvidar eso, pero entonces vio el punto débil de Ikigaí, y solo se dejó caer al suelo, de rodillas cubriendo sus ojos, no debía seguir viendo, no debía saber cómo matar a quienes amaba.
—¡Kalila! — gritaron ambos y ella solo apretó su cabeza con ambas manos.
— Retrocedan, aléjense, ¡no lo puedo controlar! lo vi, ya lo vi. — el olor a pimienta era demasiado fuerte, Anuk se transformó en lobo y Kek su nieto se puso delante, no dejaría que su abuelo matara a su cachorra.
— ¡Mi hija! — grito Chloe, al ver como la joven apretaba aún más su cabeza, tratando de olvidar lo que había visto, entonces tres personas la cubrieron en un abrazo, creyó que eran sus padres y comenzó a relajarse.
— Respira Kalila. — su corazón se detuvo al distinguir su voz.
— Si quieres matar a alguien que sea a nosotros. — y al escuchar la segunda voz comenzó a temblar.
— Perdón. — dijo Ukara y solo entonces ella levanto su rostro solo para ver como los tres la estaban abrazando.
— ¡Ikigaí! — grito, del mismo miedo que tenía, fue cuando el cabello azul de Iki la envolvió y la alejo de Declan, Tahiel y Ukara.
— Mírame mi hermoso lago de vida, ve mis ojos, todo está bien, estás conmigo, estas a salvo. — Ikigaí tenía una vez más la voz más dulce que alguien pudiera escuchar y Kalila comenzó a relajarse.
— No me sueltes, por favor Iki. — pidió en un susurro al tiempo que ocultaba su cara en el delgado pecho del peli azul, tenía vergüenza de que todo el pueblo la vea como lo que era, una cazadora.
— No lo hare. — Iki acaricio la espalda de la joven, mientras tarareaba una dulce melodía.
— En verdad es tu destino. — dijo una voz muy distinta a la de Yunuen.
— Supongo que tú eres Aysel, la humana. — respondió Ikigaí, más calmado.
— Así es, y quien tienes en tus brazos, es alguien muy especial para nosotros, creo que por ella deberíamos…
— ¿Tratar de llevarnos mejor?
— Así es.
— Por mi destino lo hare. — Ikigaí siguió tranquilizando a Kalila, mientras la joven no comprendía porque esos tres demonios la habían abrazado.
— A eso es a lo que me refería, Kalila unió su vida a un descendiente del sol, quienes son enemigos de los hijos de la luna, por lo que Kalila siempre se verá en este tipo de situaciones, entre el amor de compañero y el amor a su familia, es por eso por lo que les pido que quienes no estén de acuerdo con las leyes, se marchen, no estoy dispuesta a que buenas personas sufran por seres egoístas que puedan habitar este pueblo.
Aysel espero, un tiempo prudencial, pero nadie se marchó, ahora estaba más que claro que nadie quería que el pasado regresara, las peleas que habían visto en el cielo cuando Yunuen lo convirtió en un proyector, como se odiaban las razas, claro que no querían eso.
— Bien, quienes encontraron a sus parejas den un paso al frente. — Kalila se quedó en su lugar, sabía que lo que venía a continuación no la incluía a ella, no era con un descendiente de luna con quien se uniría. — Las parejas que se aceptan pueden ir a hacer su reclamo, los que no quieren a sus parejas permanezcan en su lugar y den un motivo. — otro poder que Aysel tenía, era la habilidad de dar una nueva pareja si el motivo del rechazo era razonable, solo a quienes lo merecieran.
— Rechazo a mi pareja, estoy preñada y él no lo quiere, no pienso matar a mi sangre. — Maia estaba con la frente en alto, Aysel le sonrió por su valentía y corazón puro, la luna cambiante podía ver en él.
— Te prometo que antes que tu hijo nazca encontraras una vida que te amara y a tu bebé. — solo Tahiel cayo de rodillas, ya que solo él era el culpable de que su lazo se rompiera definitivamente.
— Yo rechazo a mi pareja, él… demostró ser alguien horrible. — Aysel vio los ojos marrones de Jana, y de pronto Yunuen tomo el control.
— Suprema. — dijo con preocupación Jana.
— Lo entiendo, solo quiero decirte que no le temas a los brujos, no todos son… malos. — se obligó a decir, porque si decía algo más una masacre se desataría. — Encontraras a alguien digno antes de la próxima luna llena. — Ukara estaba preparado para el rechazo, ya lo había sufrido el día anterior, fue por eso por lo que solo su pecho dolió, mas no cayó como fue el caso de Tahiel. Declan estaba buscando con la mirada a su vida, quería hacer el reclamo de una vez por todas, pero no la podía ubicar hasta que la escucho.
— Yo rechazo a mi pareja. — Katerina, era su Katerina y Declan no lo comprendía.
— ¿Tu razón? — pregunto Yunuen ya que la joven quedo en silencio.
— Él la sabe, él sabe lo que hizo, solo que no se dio cuenta que lo vi.
Era el fin, ¿Cómo pudo ser así? ¿realmente había estado tan abstraído en Kalila que ni siquiera fue capaz de oler a su vida? Pero más lo asombro, el hecho que el dolor no llegara, solo se mantuvo de pie, viendo a la que debía ser su compañera marcharse, sin ver atrás.
— Aysel. — la llamo Kalila y la atención de todos fue a ella.
— No. — dijo apenas viéndola y tratando de seguir su camino lejos de a quien ella consideraba su bisnieta.
— Es lo que quiero bisabuela, ¿me negaras eso? — Chloe veía a sus compañeros y estos a Aysel, quien apretaba las manos.
— ¿Qué sucede? ¿Qué pasa? — la luna única sufrió un mareo y Kek la tomo en brazos de inmediato.
— No te dejare partir al mundo humano… — no podía decir que no la dejaría ir así de herida como estaba, Aysel veía su alma, se quemaba una y otra vez bajo una máscara de calma y falsa felicidad, pero si decía la verdad, todo estaría perdido, o tal vez…
— Se lo que piensas gran luna cambiante, y déjame decirte que el destino es el destino, algunos estamos condenados a saberlo desde el principio, teniendo prohibido dar demasiada información, hay cosas que por más dolorosas que sean deben pasar. — Aysel veía a Ikigaí, sus ojos eran violetas, ella no podía leerlo, como tampoco él podía hacerlo con los de ella, un día o una noche los separaba, eso dependía del lado que se lo viera y fue cuando todo tuvo sentido.
— Un eclipse. — susurro Aysel, solo había una forma de ver más allá del día o la noche, y eso era ver un eclipse, el sol y la luna unidos.
— ¿Qué es lo que pasa? — indago Kalila, quien se había perdido de la conversación gracias al estar atenta a su madre y su malestar.
— Declan, ven. — el cuerpo de Aysel cambio, al igual que sus ojos, ya no eran celestes, estos eran rojo sangre, al ver al vampiro que avanzo hasta estar frente a ella, estaba seguro de que lo mataría.
— Levana. —no debía pedir por ese vampiro, ¿piedad? ¿acaso él le tuvo piedad? Algo en la mente de Kalila le susurraba que se mantuviera en su lugar y que solo disfrutara de la muerte de esos seres, pero algo en su pecho le decía que detuviera lo que fuera a pasar.
— Tranquila Kalila, tu corazón late demasiado rápido, eso no es bueno cuando tengo hambre. — solo con Kalila Levana bromeaba y todos sabían que lo hacía para sacarle una sonrisa a la pequeña humana.
— Que chistoso. — murmuro Ikigaí apretando a Kalila más a él gracias a su cabello, quien la viera la confundiría con una oruga.
— Mi señora. — dijo Declan colocando una rodilla en el suelo y bajando la cabeza, esperando que Levana cortara su cabeza de una vez.
— Ponte de pie y ve mis ojos. — susurro de forma amenazante y el vampiro solo lo hizo, no lucharía, pues sabía que merecía morir.
Levana vio sus ojos, los recuerdos y sentimientos más profundos en el vampiro, un corazón casi estático, que solo debía latir gracias a su vida, pero que no era así, y eso despertó la confusión de Declan, bien lo había explicado Aysel, un amor no correspondido es más peligroso que un odio con fundamentos.
— Tu vida te ha rechazado y con razón, tú, yo y la luna lo sabemos, pero tu corazón… implora otra oportunidad. — el vampiro abrió con asombro los ojos, no queria otra oportunidad, solo queria morir, fue por eso por lo que salto sobre Kalila, para que la joven lo matara de una vez.
— Yo no…
— Serás el guardián de Kalila y no te lo estoy preguntando, a cambio, tendrás una nueva compañera, una vida a la que seguir. — sentencio la vampiro original.
— ¡¿Qué?! — Kalila estaba segura de que, si no fuera por el cabello de Ikigaí, ya hubiera caído al suelo húmedo.
— Quieres ir a las tierras del humano, será bajo mis condiciones, no te dejare desprotegida… nunca más. — sus padres no sabían que hacer, se suponía que Kalila iría a la universidad, así estaba pactado, iría a un pueblo humano, entonces ¿Por qué sentían que se estaban perdiendo de algo importante?
Declan regreso a la multitud aun aturdido, ¿Dónde estaba su muerte? ¿de qué nueva compañera hablaba Levana si lo que el queria era morir? ¿acaso ese era su castigo? ver la cara de Kalila hasta enloquecer por lo que le había hecho.
El cuerpo de Levana cambio, la melena gris apareció junto con un rostro que poseía una media luna roja a mitad de cara, Yunuen respiro profundo, quien diga que por ser milenaria había cultivado la paciencia, estaba muy equivocado.
— Ukara, ven aquí. — el brujo avanzo cabizbajo, sabía que estaba mal, siempre lo supo y no lo evito, solo observo y los ayudo, para luego unirse en esa atrocidad que habían hecho, queria morir de una vez, Kalila siempre fue buena, tanto que en su infancia estuvo enamorado de esa humana, con piel de porcelana.
— Suprema, no pediré su perdón, pero si… — necesitaba el perdón de Kalila, lo necesitaba como al mismo aire.
— Silencio. — la suprema de los aquelarres tomo de las mejillas a Ukara y Kalila se removió nerviosa entre los brazos de Ikigaí, tonto brujo que siempre sigue a los demás, se dijo la humana y los ojos de Yunuen brillaron, viendo la mitad de alma que el brujo tenía en su interior, su infancia, sus sueños, sus secretos.
— Cuidaras con tu vida a Kalila, serás el encargado de cuidar incluso que el aire que ella respire sea puro, y a cambio… quizás encuentres la media alma que te falta.
Ukara regreso igual que lo había hecho Declan, era tal su estupor que se tropezó dos veces, ¿Qué era lo que la gran luna cambiante tenía preparado para ellos? Quizás el peligro que esperaba por Kalila en el mundo humano era un peor y les concedería una muerte lenta, solo ese pensamiento lo dejo tranquilo, morir lentamente por ella, era lo que merecía.
— Tahiel. — pocas veces el lado lobuno de Aysel se mostraba, Luna era algo maravilloso de ver, su larga cabellera blanca no llamaba tanto la atención como las pecas en forma de copos de nieve que decoraban sus mejillas, y que decir de las lunas llenas que por ojos tenía.
— Luna. — dijo casi en shock Tahiel, mientras Luna solo vio sus ojos, pero necesitaba más, no solo los secretos del humano, ya que dentro suyo había otro ser.
— Muéstrame a tu lobo. — ordeno sin tanto preámbulo y el joven comenzó a negar con terror, ya que había sido rechazado oficialmente, no sabía de lo que su lado animal podía ser capaz de hacer si salía ahora. — ¡Ahora! — grito Luna y antes de que Tahiel pudiera obedecer, Luna exploto dejando ver a su loba, blanca como la misma nieve, de ojos celestes, pero lo más fascinante fue ver sus colmillos listos a obligar a Tahiel a cumplir con su pedido.
— Lo siento. — dijo el moreno antes de explotar y dejar a la vista su lobo color cobrizo achocolatado, creyendo que estaría en modo salvaje al perder a su mate, pero sin embargo lo único que quiso hacer fue acercarse a Kalila gimoteando, algo que Luna evito al morder su cuello.
— ¡Luna! — grito Kalila casi zafándose del cabello de Ikigaí.
— No veas. — dijo Ikigaí y la obligo a girar.
— Lo mato, ¿lo mato? — preguntó casi entrando en histeria.
— No, solo se transformó en humano y esta desnudo. — le susurro Ikigaí en el oído y Kalila hundió su rostro aún más en él.
— Cumplirás tu condena al igual que tus amigos, felicidades, serás el perro de mi bisnieta. — el lado animal estaba presente en Luna, era mucho más difícil de controlar que sus otras entidades y la mente de Kek comenzaba a unir cabos.
— Ustedes… ¡¿qué le hicieron a mi hija?! — el gruñido de Kek, fue secundado por el siseo de Vito y el cielo centello una vez más gracias a los rayos de Dante.
— Tranquilos… — Aysel había tomado el control de su cuerpo, pero no sabía cómo podría manejar la furia de sus nietos.
— Ustedes…
— Que maravilloso. — dijo divertido Ikigaí y libero a Kalila para llevar su cabello al abdomen de Chloe y acariciarlo. — Una nueva vida está trazando su destino. — el pueblo entero quedo en silencio, mientras que sus tres lideres giraban a ver a su luna. — Tendrás un hermano mi hermoso lago de vida.
— ¡Por la diosa! — Kalila dejo de pensar en todo, solo corrió a abrazar a su madre que estaba aún más quieta que sus compañeros.
— Imposible. — susurro Chloe que desde hacía un año estaba buscando un bebé y hacia solo dos días se había hecho un tes que dio negativo.
— Su aroma es el mismo. — informo Kek sin que nadie le preguntara.
— No escucho a ninguna habichuela. — secundo Vito agudizando aún más su oído.
— Su energía es la misma. — afirmo Dante sintiendo la energía vital de su luna.
— Lo hicieron hace 3 horas, felicidades, esperan un bello e interesante niño. — se limitó a responder ya que sabía perfectamente que a ellos no les importaba saber quién era el padre, porque lo querrían igual que a Kalila.
Los tres lideres del pueblo fueron con su luna y su hija, la felicidad de ser bendecidos con un nuevo integrante se llevó de ellos cualquier rastro de furia, al menos por el momento, mientras que Aysel se acercó a Ikigaí, quien estaba peligrosamente cerca de Declan, Ukara y Tahiel.
— Eres bueno para salvar a otros. — reconoció Aysel, sabiendo que ese ser había regresado a la vida a Kalila y que le acababa de salvar la vida a los tres agresores de su bisnieta.
— No confundas salvación con condena gran luna cambiante, si algo aprendí en estos mil años, es que a veces pesa más vivir condenado, que morir perdonado. — la sonrisa que dejo ver Ikigaí le erizo la piel no solo a los tres sentenciados, también a Aysel.