MÓNICA Ella me miró, y una sonrisa aparecieron en sus labios. Me acerqué a ella, que parecía más un animal acorralado que una mujer desafiante. —Dije que eras una puta, y es cierto —dijo con desdén. Sin pensar, levanté mi mano y golpeé su mejilla con fuerza. El impacto me sorprendió, y el dolor reverberó en mi propia piel. —Te está dejando por mí, zorra arrastrada —dije con una sonrisa desafiante, disfrutando del momento. Sus ojos se oscurecieron, y subió su mano, pero jamás alcanzó a tocarme porque Jackson la detuvo con firmeza. —No se te ocurra pegarle —gruñó, sus ojos ahora completamente negros, como si su lobo estuviera a punto de desatarse. La giro para que estuviera frente a él. Jackson la miraba con una furia contenida que amenazaba con romper sus cadenas. —Que no se te olvi

