MÓNICA Ahí estaba Jackson, mirándome con esa intensidad que me ponía nerviosa. Algo en su expresión me inquietaba, pero lo que más me perturbaba era su aparente preocupación por mí. Era extraño, pero de alguna manera me hacía sentir segura. Era como si hubiese una conexión entre nosotros que no lograba comprender, algo que me envolvía, a pesar de que todo esto no tenía sentido. Dejé el plato de comida a un lado y llevé la mano a mi cuello, justo donde la mordida ardía con un dolor insoportable. En cuanto toqué la marca, el dolor aumentó, haciéndome jadear. Pero entonces, un gruñido bajo y profundo me sacó de ese trance doloroso. Miré a Jackson, que me observaba con los ojos completamente negros, una mezcla de preocupación y enojo reflejados en su mirada. —No toques la mordida —gruñó, su

