MÓNICA Podría ser el alfa o lo que fuera, pero a mí no podía decirme qué debo o no debo vestir. —Me quedaré con este vestido, y si no te gusta, pues tápate los ojos —dije, con una mezcla de desafío y determinación en mi voz. Vi cómo Jackson levantó una mano, y mi corazón se detuvo por un momento. Entonces, noté cómo sus dedos parecían alargarse y volver casi garra, una transformación que me tomó por sorpresa. Jamás imaginé que pudiera convertirse en lobo, aunque fuera parcialmente. —Dije que te lo quitara por las buenas, pero veo que elegiste por las malas. Pues vamos por la mala —gruñó, y el sonido retumbó en mi pecho como un eco. Antes de que pudiera reaccionar, sus garras se fueron hacia mi vestido y, en un instante, lo desgarró como si fuera simple papel, dejándome solo en bragas.

