El señor Kavan decidió que ya era demasiado de mi persona diciendo que era: «el típico CEO multimillonario migajero de su primera ex» y me sacó prácticamente a rastras de ese rascacielos, lo peor es que como yo no quería ir me echo al hombro como un saco de papas lo cuál me provocó un ataque de risa histérica. Por más que le advertí que me iban a ver las posaderas si me llevaba así no le importó, seguramente ya estaba harto de mí, «nadie se atrevería a mirar a la mujer que va conmigo» comentó cuando nos subimos en el ascensor, yo solté un bufido como respuesta. Finalmente llegamos al estacionamiento, el aire frío me golpeó la cara con fuerza lo cual ayudó a aclarar un poco mis ideas que estaban embotadas con tantos shots de ron y cócteles exclusivos de las élites que me sentí en la obl

