El fin de semana fue difícil para ambos. La cafetería absorbió a Ethan, impidiéndole encargarse de otra cosa que no fuera el ajuste del inventario y el entrenamiento de su personal. Debió contratar a dos chicos más para los repartos. Por la cercanía de las fiestas y por el boom que estaban tomando sus ricos cupcakes y la exquisita red velvet cheesecake aumentaban los pedidos. Para dar mayor notoriedad a su negocio, se le ocurrió la brillante idea de contratar a un bartender capaz de realizar dibujos con la leche en el café, algo que gustaba a muchos clientes. Las ventas repuntaban de buena manera, los clientes aumentaban y lo obligaban a atender con mayor énfasis cada aspecto del negocio. Eso lo tenía feliz, aunque lo atormentaba el hecho de contar con menos tiempo para compartir con

