La mañana del miércoles no fue mejor para Jessie. A pesar de la fuerte descarga de adrenalina que había vivido la noche anterior por la travesura que realizó, su cuerpo seguía sosteniendo pesadas cargas emocionales que la volvían inestable. Desde que había regresado del trabajo, el agobio que mantenía su madre a través del teléfono era desquiciante. La chica tuvo que apagar el aparato cuando no soportó los incontables mensajes de texto ni las llamadas. El haberle dicho que Marie estaba bien y se había comunicado con ella por un número telefónico público, pensando que con eso podría aliviar la conciencia de la mujer, fue la peor idea que había tenido en la vida. Su madre quería más. Deseaba que le facilitaran el número telefónico para con eso conocer la ubicación de su hija menor, exp

