La mañana del lunes, Jessie terminaba de alistarse para ir al trabajo cuando recibió una visita. Gruñó por lo bajo mientras abría la puerta, tenía los minutos contados para llegar a la revista. Una fuerte discusión con Marie, quien seguía derrumbada en la cama llorando sus pérdidas, le robó un tiempo valioso. Al abrir se sorprendió al ver a la esposa de Gary parada frente a su puerta, con una expresión severa en el rostro y los labios apretados. —¿Podemos hablar? La chica asintió algo intimidada y se apartó para dejarla entrar. La mujer observó con detalle la sala, como si buscara en los rincones indicios del engaño de su marido. —Será rápida mi visita —dijo encarándola. A pesar de que su postura indicaba enojo, sus ojos se notaban empañados con lágrimas. Era evidente que hacía un

