Reteniendo el aire en sus pulmones, César subió por la enorme escalinata de mármol, y colocándose de pie frente a la puerta, antes de tocar el timbre, se quedo con su mano en el aire, detenida, pensando en que hacer. Tenia que hacerlo, descubrír si eso era cierto, y si lo era... Había sido un tonto todo ese tiempo. El timbre sonó, y un par de minutos después, la puerta fue abierta por Tomas, el cual cruzando sus brazos sobre su pecho, enarco una ceja, a la espera de lo que diría —Quiero ver a Aradia... A mi hija, y a mi esposa. Tomas de verdad quería bufar en ese instante. ¿Esposa? ¿Hija? Cuando el mismo permitió tanto mal para ella, por desgracia en la estancia, se hallaba Aradia, tratando de charlar con Naiara; quien al escuchar la voz de César se coloco de pie, casi buscándolo.

