Viviana
Pasar toda la mañana tomando sol, haciéndome que leía un libro, mientras en realidad observaba a estos tres hombres jugar a la pelota en la arena, todo transpirados y jadeantes, era un espectáculo en el cuál me sentía en platea vip, la única privilegiada, ya que la porción de la playa parecía desértica, era porque realmente era privada, cosa que me sorprendió mucho. Antes de irnos a almorzar, se metieron los tres al agua y me llamaban que estaba espectacular, cosa que obviamente no les creía, como vieron que no iba hacer caso a su petición, vinieron los tres, uno me quito el libro, otro los anteojos de sol y cuando menos me di cuenta, el jefe ya me llevaba en su hombro, como sino pesará ni un gramo, gritaba y pataleaba para que me baje, cosa que hizo caso omiso, cuando ya había entrado hasta las rodillas al agua, los otros dos lo ayudaron y me tiraron de lleno en el agua, como explicar ese dolor en el cuerpo, al recibir ese golpe de frío tan fuerte, si es un tipo de terapia para regenerar y rejuvenecer, mínimo espero haber rejuvenecido 5 años, ya que se me congelaron hasta la punta de los pelos, después de que mi cuerpo se acostumbro un poco, jugamos un rato, salpicándonos agua en la cara, cuando por fin salimos, que no fueron más de quince minutos, fui corriendo a envolverme en mi toallón, para volver a entrar en calor.
Levantamos todo lo que habíamos llevado, y seguimos el camino de madera, que iniciaba al finalizar la playa.
Luego de comer, un almuerzo bien nutritivo con pescado asado y cosas que no tengo idea de como se llaman, empezaron a llegar los amigos y amigas del Jefe, cargados de bebidas, con música, aunque él no dudo de habilitar la terraza, bebidas, snack, música de los parlantes que estaban estratégicamente ubicados, para no ser vistos a simple vista. La terraza tenía vista a ese sector de la playa que habíamos estado en la mañana, solo nos separaba unas barandas bien fortificadas, y tenía un acceso directo a la playa, a través de una escalera de madera.
La gente bailaba, tomaba, se reían, estaban eufóricos, sin lugar a duda, no solo corría alcohol por sus venas, hace mucho que no estaba de fiesta y mucho menos de esta magnitud y con gente totalmente desconocida, había quedado totalmente relegada a un lado, para ser justos, busque un lugar estratégico para ver a los “invitados”, que pareciera que se invitaron solos, no dejaban de llegar, otros se iban, y así durante toda la tarde. Yo seguía bien camuflada para no ser vista o tomada en cuenta para ser parte de alguna conversación vacía y sin sentido, como las que estaba escuchando, ya estaba muy cansada, y mucho menos tenia ganas de socializar, cosa que había echo en la primer hora de la fiesta, hasta que por milagro encontré este lugar, pero si iba a mi habitación, podía ser interceptada por el grupito del cual me escapé, que primero estaban Germán, Martin y algunos conocidos de la empresa, pero que están trabajando en las sucursales de este país, ya estaban muy tomados, y me querían obligar a tomar, para que este en su onda, cosa que no iba a pasar, y otra cuestión por la que no volvía a mi habitación, es que mi balcón quedaba arriba de esta terraza, iba a ser imposible que me pase desapercibido todo el jolgorio montado abajo, pero use mi tiempo para ver quien era esta gente. A varios reconocí como hijos de algunos empresarios, algunos inversionistas, que tenían esposa e hijos, bailando muy sugestivamente con chicas que podrían ser sus hijas.
Yo seguía con mi vaso de cerveza en la mano, casi hasta la mitad, ya había oscurecido, prendieron luces típicas de fiestas de navidad, pero que quedaban bien alrededor de las barandas y en la parte techada de madera. Como había vuelto con mucho frío de la playa, me había abrigado temprano, por lo tanto estaba bien acorde con el clima, con un jeans, un buzo y zapatillas. Las miraba a las chicas con traje de baño, solo algunas con una pollera en la cintura, pero estaban como si nada seguían saltando, bailando, riendo y tomando.
Ya me había cansado de observar, escuchar muchas conversaciones subidas de tono, ver parejas manoseándose, o que bajaban a la zona de la playa para estar más solitarios, cuando volvían, lo hacían de manera más relajada, por decirlo de una manera más solemne.
El jefe, temprano lo vi con un par de rubias infartantes, mínimo diez años menores que él, se le restregaban en su cuerpo, obviamente él estaba en la gloria, como no lo vi por ningún lado cerca, supuse que se fueron a un lugar más privado.
Me levante sigilosamente yendo hacia adentro de la casa, para conseguir un baño con urgencia, por suerte uno que estaba casi oculto en el pasillo de las habitaciones de invitados, estaba vacío, cuando salí, al pasillo estaba oscuro, cosa que me pareció raro, apague la luz de baño, y veo una pareja tratando de abrir la habitación de Germán, me di cuenta que era él, sacó su llave, mientras intentaba acertar en la cerradura, se seguía besando con el tipo con el que estaba, que le sobaba su entrepierna de manera frenética sobre su jeans, antes de entrar prende la luz y veo que es Martin, y me vino a la cabeza la frase “Lo que pasa en la casa de la playa, queda en la casa de la playa”, cuando cruzo por frente de las puertas más cercanas al baños, solo escucho ruidos de camas moviéndose, risas, jadeos, palabras sucias, en la primera solo se escuchaban voces de chicas, en la otra como si hubiera más de una pareja, en la siguiente no se escuchaba nada, y cuando pasó por frente de la del Jefe de seguridad, escuché su voz, diciendo, “dame más duro, lo quiero todo adentró”, entre muchos otros ruidos. Ya con eso había sido suficiente espectáculo para mí. Volví a la cocina a ver que tanta gente quedaba, ya no había casi nadie, y los pocos que quedaban se estaban yendo, cuando me cruzaba con alguno, me miraban sin mirar, escuche unos jadeos provenientes de afuera y la curiosidad pudo más conmigo que la razón, seguí el sonido, y salí otra vez a la terraza.