Alzándola con cuidado entre sus fuertes brazos, Alessandro pudo sentir la delicadeza de Eliane en su tacto. El contacto de su piel con la suya provocó una corriente eléctrica que recorrió su cuerpo, desencadenando una serie de latidos acelerados en su pecho. La miró directamente a los ojos, perdiéndose en su mirada hasta el punto de quedarse sin movimiento. Ella sintió la incomodad de estar entre sus brazos, removiéndose en estos solicitó. —¿Puede bajarme, señor Lombardo? —No —dijo determinantemente. Caminando con cuidado la llevó al coche, le acomodó en el asiento delantero y no permitió que saliera. Desde el coche, Luisa contemplaba con los ojos bien abiertos y la boca por igual, como el señor Lombardo y su jefa se acercaba. Chilló de la emoción porque sus jefes acababan de

