Eliane se preguntaba incansablemente por qué había esa necesidad de conocer a la persona que la engendró, si esta nunca estuvo presente en su vida. Era una interrogante que muchos jóvenes en el mundo se hacían. ¿Por qué era tan crucial ver el rostro de aquel ser que solo aportó a su creación, pero no a su crianza? Quizás era porque había numerosas preguntas que deseaban respuestas. Querían saber qué les impidió a esos progenitores estar presentes en sus vidas. Al menos eso era lo que Eliane Petrucci necesitaba entender. ¿Por qué ese hombre, James, había esperado veinticuatro años para aparecer en su vida? Si bien era cierto que su abuelo lo había alejado de su madre (según lo contado por ella misma), ese hombre ya había fallecido hace varios años. Además, si lo liberaron apenas llegó a C

