Desde su escondite en el pasillo, Rosalía observaba con una sonrisa triunfante, pues la partida que había orquestado había estallado como una bomba. El ver a Alessandro apresurarse hacia la habitación era la clara señal de que la conflagración había iniciado. Y así fue. Eliane se volvió completamente histérica, presa de un deseo asesino contra el hombre que aseguraba haber matado a su madre por órdenes de Guillermo Lombardo. Sin embargo, el anciano postrado en la cama no era blanco de sus violentos ataques, pues su avanzada edad y delicado estado lo hacían incapaz de infligirle daño. —¿Qué está sucediendo? —exclamó Alessandro al llegar, sujetando a una Eliane que se había abalanzado contra el falso doctor. Mientras tanto, Guillermo intentaba desesperadamente hablar y explicar que todo er

