Para Eliane fue un golpe en el seno cuando escuchó decir esas cosas al señor Guillermo. Ella creía que ese señor la apreciaba por haberle salvado la vida, y por su gran corazón. Pero ahí estaba, hablando de su fortuna, era por eso por lo que la había ayudado a salir bien librada de esa vergüenza. Su corazón terminó de romperse cuando le escuchó decir que su madre había muerto. En ese momento su cuerpo se hizo gelatina, la respiración empezó a faltarle. Cayó en los brazos de Luisa, quien la arrastró lejos de esa puerta para que los de ahí dentro no notaran su presencia. Luisa la llevó a la sala, ahí la sentó y empezó a soplar para que se recompusiera. —¡Es mentira! ¡Dime qué es mentir! ¡Por favor! —Suplicaba sobre bajo. Cuando se disponía a gritar, Luisa le cubrió la boca. Las lágrimas

