La noche cayĂł sobre el santuario con una lentitud inquietante. La neblina descendĂa desde los árboles como si algo más —algo invisible— estuviera exhalando desde el corazĂłn mismo de la tierra. Las raĂces a sus pies parecĂan pulsar, vivas. El mundo natural respondĂa… o advertĂa.
Lucien encendiĂł una lámpara de aceite con una chispa mágica que pareciĂł nacer de sus dedos. La luz danzĂł sobre las paredes del santuario, revelando más sĂmbolos ocultos bajo la sombra. Algunos estaban grabados a sangre, otros… parecĂan escritos con fuego.
—¿Cuántos han intentado el ritual antes que mi madre? —preguntó Elena.
Lucien caminĂł hacia un viejo pedestal cubierto de hiedra. Lo limpiĂł y dejĂł al descubierto una lista de nombres grabados en piedra.
—Siete. Y solo uno sobrevivió… lo suficiente para dejar un mapa.
—¿Dónde está ese mapa?
—No es un mapa de lugares. Es un mapa de memorias.
Elena frunciĂł el ceño. No entendĂa.
—¿Memorias?
Lucien se girĂł. Sus ojos brillaban con un matiz plateado.
—Tu madre transfiriĂł fragmentos de su alma en objetos, lugares, incluso personas. Lo hizo con magia de sangre. Ella sabĂa que no sobrevivirĂa, asĂ que escondiĂł las respuestas.
Elena apretĂł el cuaderno. Lo sintiĂł vibrar.
—Aquà hay algo más —murmuró, hojeando de nuevo las páginas.
Casi al final, encontró una nota escrita con otra tinta: más rojiza, más espesa… sangre seca.
> “Elena, si alguna vez llegas aquĂ, significa que el ritual fallĂł. No confĂes en los que te dicen estar de tu lado. Uno de ellos me traicionĂł. Uno de ellos vendrá por ti.”
> “Busca la segunda Marca. No en tu piel, sino en tu alma. Cuando la despiertes… sabrás quién eres en realidad.”
Elena sintiĂł un escalofrĂo recorrerle la espalda. Lucien se acercĂł despacio.
—¿Qué dice?
—Que hay una segunda marca. Oculta… y que alguien de mi cĂrculo me traicionará.
Lucien desviĂł la mirada.
—Ese es el precio del poder. Todos los portadores enfrentan una traición. La tuya… aún está por venir.
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Fuera del santuario, la noche era un susurro. No habĂa grillos. No habĂa viento. Solo un sonido lejano, irregular, como uñas arrastrándose por piedra hĂşmeda.
Elena y Lucien avanzaron por un sendero oculto que Ă©l conocĂa bien. No hablaban. El aire estaba cargado de tensiĂłn.
Cuando llegaron a la linde del bosque, un ciervo muerto colgaba de un árbol. Estaba abierto en canal, y en sus entrañas habĂa una palabra escrita con precisiĂłn inhumana:
> "SANGRE"
Lucien frunció el ceño.
—Este es un mensaje. No para nosotros. Para ti.
—Lo sé —dijo Elena—. Me están diciendo que ya empezó.
—¿Qué?
—La caza.
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Horas despuĂ©s, de regreso en la cabaña, Adrian la esperaba sentado en la escalera del porche, con una copa de vino en la mano. No sonreĂa.
—¿A dónde fuiste?
—A ver lo que queda del ritual de mi madre —respondió Elena, firme.
Adrian frunciĂł los labios.
—No deberĂas haber ido sola.
—No estaba sola —contestó ella sin mirarlo—. Estaba con alguien que no me dejó atrás.
Adrian bajĂł la copa. Su rostro se tensĂł.
—¿A qué te refieres?
Elena lo encarĂł. El cuaderno apretado contra el pecho, la marca aĂşn palpitando bajo su piel.
—¿Qué hiciste esa noche, Adrian? ¿Por qué te fuiste?
Él no respondió de inmediato. Sus ojos se oscurecieron.
—Yo… no creĂ que Marina pudiera hacerlo. El Consejo habĂa puesto precio a su cabeza. Yo… tratĂ© de protegerla.
—¿Protegiéndola con abandono?
—No entiendes lo que me pidieron que hiciera —replicó, con un brillo triste en la voz.
—Tal vez no. Pero entiendo lo que hiciste: la dejaste sola. Y ahora, me estás dejando sola a mĂ.
—No —dijo él, acercándose—. Esta vez no.
Pero Elena ya habĂa decidido. CruzĂł el umbral de la casa, sin dejar de mirarlo.
—La próxima vez que me digas que es por mi bien, asegúrate de no estar obedeciendo órdenes.
Y cerrĂł la puerta.
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Esa noche, soñó con la segunda Marca.
No estaba en su piel. No estaba en su sangre.
Estaba en su reflejo.
Un espejo en el sueño le devolvĂa una imagen distinta: ojos dorados, colmillos marcados, y detrás de ella… una silueta oscura. Una sombra que tenĂa su misma forma, pero no era ella.
La sombra sonriĂł.
Y murmurĂł:
> —El sacrificio ya comenzó.