Julián. —Juli. —estoy en mi oficina mirando a la nada desde el sillón—. Julián. —¿Qué?. —la miro que esta parada en la puerta. —¿Por qué no sales un poco?. —levanto las cejas ya que no sé lo que quiere—. Te va hacer mal estar acá encerrado tanto tiempo. —¿Porqué no te dejas de romper las pelotas? Ya te dije que me dejes en paz. —Pero Julián... —Vete Lili... Déjame solo. —No... Te estas... —¡QUE TE VAYAS!. Sale cerrando la puerta con suavidad, sé y estoy consiente que la estoy tratando mal, hace dos semanas que mi hermana murió y no he salido de mi oficina, ella viene y aun con mis protestas limpia todo el lugar, me obliga a comer y a bañarme a diario porque si fuera por mi ni siquiera tomaría agua, no siento necesidad de nada. Suspirando dejo el vaso en la mesa y salgo para

