La euforia de la pedida de mano se convirtió en el motor que impulsó los preparativos para la fiesta de compromiso. Quería que Rose conociera a mi mejor amigo, George, aquel compañero con el que compartí incontables experiencias y secretos. La celebración fue grandiosa, pero en medio de la alegría, noté a George, mi confidente, mostrando una emoción peculiar. Después de la fiesta, le pregunte a George sobre su cambio de ánimos. Sus ojos reflejaban una mezcla de determinación y nostalgia. Fue entonces cuando compartió la noticia: había encontrado a su exesposa y estaba decidido a reconquistarla. Me alegre sinceramente por ´le, ya que él merecía ser feliz como yo, sin sospechar que estábamos hablando de la misma mujer. Los días transcurrieron, y Rose me sorprendió con la noticia de una inv

